Dime tú, que si en estas calles
teñidas de rojo
se puede encontrar un camino.
La palidez invernal
me dice que te has ido.
¿Te habrás ido?
La calle roja me dice que no.
Camino hacia el centro,
Sol en algún horizonte lejano.
Dime tú,
busco caminos,
en estas calles rojas. Encuentro mensajeros, policías,
el tenue palpitar de ciudad boyante y llena de todo
lo que la hace.
Soñé alguna vez con recorrer los callejones y
avenidas de esta ciudad pálida y escarlata.
Soñé,
alguna vez,
con buscar el centro de todo.
Soñé, incluso,
con que en estas calles te hallaría. Cerca.
Cerca de mí.
Como si no hubiera otra cosa.
Sólo estarías tú. Sólo estaría yo.
Estas calles rojas se mueven y palpitan sin cesar.
Ciudad sin descanso,
siempre despierta,
veinticuatro siete.
Siga usted circulando.
Dime tú,
si entre los intersticios de tus oscuros ojos
no me habré yo perdido,
en vez de en estas calles rojas,
como yo siempre creí.
Dime que sigo aquí,
buscándote,
que no me he perdido en ti
en estas bulliciosas calles de la ciudad pálida.
Dime que no estoy extraviado.
Dime que no me he perdido.
Dime, antes de que me trague la marea
de paseantes, que van cada uno a su destino
mientras yo
no.
Caminar.
Todo es cuestión de caminar.
Pregunté a un señor muy particular
si éste era el camino para llegar
a tu camino.
Me contestó:
"Señor, no hay camino.
Lo único que hay es lo que se debe hacer.
Siempre es transportar,
siempre es alimentar a quien nos dio vida."
Estoy desconcertado.
Ya no sé dónde estoy.
martes, octubre 30, 2012
domingo, octubre 14, 2012
La ignorancia de la Revolución
Sé que lo que llegue a escribir aquí no lo leerás.
No me conoces, sólo me viste una vez.
Sin embargo, redacto estas despreciables líneas
con la idea de que podrás verlas alguna vez.
Aunque, de todos modos,
sé que no pasará.
Tecleo esto sólo para...
No estoy seguro.
Quisiera decirte un par de cosas.
Pero no sé si podré.
Tecleo esto para,
de alguna forma,
hablarte.
Hay una vaga sensación entre mis dedos,
que se escurre como el roce entre piel distinta.
Tengo en mi mano un recuerdo,
tengo en mis ojos
la visión de una turba.
Una manifestación de cosas que
no entiendo, pero que yo mismo
manifesté,
No creo volver a manifestar.
Enciendo la televisión y estás ahí,
corriendo entre la gente agitada,
gritando consignas, volanteando.
Imagino que cuando te entrevistan no ves al camarógrafo;
en cambio, me ves a mí.
Y cuando apago la transmisión, cierro los ojos, imaginando
que yo te entrevisté, que me viste con ojos de ilusión,
ante la idea de que a alguien le importaba tu Revolución.
Me importa tu Revolución,
pero yo no te entrevisté.
Imaginé que te entrevistaba,
pero, no.
Hay veces en que la policía te persigue,
te identifica como agitadora.
Ellos te clasifican como ignorante;
tú, a ellos, también.
Te matarán si los provocas,
los apedrearás si te les acercas.
No lo hagas.
No te olvides de que hay a quienes les importa tu lucha.
Hay a quienes les importas tú.
Y me tienes a mí.
Sin saberlo, me acusas de pasivo.
Me acusas de no hacer nada por el bien común.
No me importan ellos,
me importas tú.
Pero admiro tu forma de seguir lo que quieres.
Yo no te he querido seguir.
Tengo miedo.
Tengo miedo de olvidar por qué estaba ahí, en primer lugar.
Luchar por algo más que no seas tú.
Y olvidarme de que estás ahí.
Prefiero entonces que me ignores
y admirarte en secreto.
Tu ignorancia es agridulce.
Pero no puedo hacer nada para cambiarla.
Mientras, se vuelve más amarga con el tiempo.
Tuve que escribir esto para amainarla un poco y
sentir, por un momento, que respiro.
No tengo ya mucho más que decirte.
Sólo que sueño contigo, pero tú no conmigo.
Yo escribo esto porque...
Escribí esto porque yo...
Esto está aquí porque yo te...
¡Vivan los héroes que nos dieron Patria!
Escribo esto porque temo la Revolución.
Temer. Tengo miedo.
Temo que en el levantamiento
la turba no me deje verte.
No me deje seguirte
Y te vayas.
Y no regreses otra vez.
Te vayas y yo no sepa por qué te fuiste.
Mi gran temor es perderte.
Mi gran temor es perderte,
sin poder hacer nada,
sin poder tenerte aquí,
sin saber por qué nunca estuviste aquí.
No me conoces, sólo me viste una vez.
Sin embargo, redacto estas despreciables líneas
con la idea de que podrás verlas alguna vez.
Aunque, de todos modos,
sé que no pasará.
Tecleo esto sólo para...
No estoy seguro.
Quisiera decirte un par de cosas.
Pero no sé si podré.
Tecleo esto para,
de alguna forma,
hablarte.
Hay una vaga sensación entre mis dedos,
que se escurre como el roce entre piel distinta.
Tengo en mi mano un recuerdo,
tengo en mis ojos
la visión de una turba.
Una manifestación de cosas que
no entiendo, pero que yo mismo
manifesté,
No creo volver a manifestar.
Enciendo la televisión y estás ahí,
corriendo entre la gente agitada,
gritando consignas, volanteando.
Imagino que cuando te entrevistan no ves al camarógrafo;
en cambio, me ves a mí.
Y cuando apago la transmisión, cierro los ojos, imaginando
que yo te entrevisté, que me viste con ojos de ilusión,
ante la idea de que a alguien le importaba tu Revolución.
Me importa tu Revolución,
pero yo no te entrevisté.
Imaginé que te entrevistaba,
pero, no.
Hay veces en que la policía te persigue,
te identifica como agitadora.
Ellos te clasifican como ignorante;
tú, a ellos, también.
Te matarán si los provocas,
los apedrearás si te les acercas.
No lo hagas.
No te olvides de que hay a quienes les importa tu lucha.
Hay a quienes les importas tú.
Y me tienes a mí.
Sin saberlo, me acusas de pasivo.
Me acusas de no hacer nada por el bien común.
No me importan ellos,
me importas tú.
Pero admiro tu forma de seguir lo que quieres.
Yo no te he querido seguir.
Tengo miedo.
Tengo miedo de olvidar por qué estaba ahí, en primer lugar.
Luchar por algo más que no seas tú.
Y olvidarme de que estás ahí.
Prefiero entonces que me ignores
y admirarte en secreto.
Tu ignorancia es agridulce.
Pero no puedo hacer nada para cambiarla.
Mientras, se vuelve más amarga con el tiempo.
Tuve que escribir esto para amainarla un poco y
sentir, por un momento, que respiro.
No tengo ya mucho más que decirte.
Sólo que sueño contigo, pero tú no conmigo.
Yo escribo esto porque...
Escribí esto porque yo...
Esto está aquí porque yo te...
¡Vivan los héroes que nos dieron Patria!
Escribo esto porque temo la Revolución.
Temer. Tengo miedo.
Temo que en el levantamiento
la turba no me deje verte.
No me deje seguirte
Y te vayas.
Y no regreses otra vez.
Te vayas y yo no sepa por qué te fuiste.
Mi gran temor es perderte.
Mi gran temor es perderte,
sin poder hacer nada,
sin poder tenerte aquí,
sin saber por qué nunca estuviste aquí.
lunes, octubre 08, 2012
Déspota entre manos.
Tanto poder se aloja en mi mano.
Crea, construye, genera, concibe.
Ella es la extensión de mis designios,
la que materializa,
la que da vida.
Pero hoy, no.
La vida es del fracasado.
Mis manos están un tanto pálidas,
resienten el paso del frío matinal
y la humedad no les tiene misericordia.
Entumidas se mueven,
se desprenden del letargo que una gélida mañana les brindó.
Sienten que una vez despierten,
no habrá límites,
no habrá barrera irrompible.
A fuerza de puños
todo caerá y quedará a su merced.
Sienten las ganas de tomar
y sentir entre sus falanges cada átomo de todo.
Sostener el mundo entero,
dejarlo caer y observarlo romperse.
Ver cómo se desintegra.
Mis manos sueñan con desgranar,
desgarrar, cortar.
Tienen ganas de derramar, soltar,
lastimar y atemorizar.
Mis manos tienen ganas de causar dolor,
de ahuyentar,
de hacerte huir.
Mis manos tienen ganas de destruir el mundo,
de sucumbir ante sus pasiones sádicas.
Tienen ganas de quebrar, destruir su mundo.
De verlo arder entre las llamas.
Sentir cómo se escapan sus ilusiones, sus deseos y sus sueños,
por entre las llamaradas naranjas.
Ver cómo te consumes.
Ver cómo caes.
Ver cómo se esfuma lo que más aman
sentir en cada esquina de sus dactilares
y reírse de ello.
Quieren ver cómo la vida se va.
Quieren ver que la vida es para los idiotas.
Quieren verlo caer todo,
para que cuando ya no quede nada,
caigan ellas también.
Mis manos, mis manos.
Mis manos están carbonizadas.
¿qué le ha pasado a mis manos?
Éstas son cenizas que huelen a manos quemadas
que ya no son mías,
sino también tuyas.
Crea, construye, genera, concibe.
Ella es la extensión de mis designios,
la que materializa,
la que da vida.
Pero hoy, no.
La vida es del fracasado.
Mis manos están un tanto pálidas,
resienten el paso del frío matinal
y la humedad no les tiene misericordia.
Entumidas se mueven,
se desprenden del letargo que una gélida mañana les brindó.
Sienten que una vez despierten,
no habrá límites,
no habrá barrera irrompible.
A fuerza de puños
todo caerá y quedará a su merced.
Sienten las ganas de tomar
y sentir entre sus falanges cada átomo de todo.
Sostener el mundo entero,
dejarlo caer y observarlo romperse.
Ver cómo se desintegra.
Mis manos sueñan con desgranar,
desgarrar, cortar.
Tienen ganas de derramar, soltar,
lastimar y atemorizar.
Mis manos tienen ganas de causar dolor,
de ahuyentar,
de hacerte huir.
Mis manos tienen ganas de destruir el mundo,
de sucumbir ante sus pasiones sádicas.
Tienen ganas de quebrar, destruir su mundo.
De verlo arder entre las llamas.
Sentir cómo se escapan sus ilusiones, sus deseos y sus sueños,
por entre las llamaradas naranjas.
Ver cómo te consumes.
Ver cómo caes.
Ver cómo se esfuma lo que más aman
sentir en cada esquina de sus dactilares
y reírse de ello.
Quieren ver cómo la vida se va.
Quieren ver que la vida es para los idiotas.
Quieren verlo caer todo,
para que cuando ya no quede nada,
caigan ellas también.
Mis manos, mis manos.
Mis manos están carbonizadas.
¿qué le ha pasado a mis manos?
Éstas son cenizas que huelen a manos quemadas
que ya no son mías,
sino también tuyas.
domingo, octubre 07, 2012
Autorretrato
Mira esos ojos.
Tienen vida, sueños
y melancolía.
En esa miel han pasado muchas cosas.
Muchas personas, quizás unos mundos.
Algunas se han ido;
quizás ya no regresen.
Un cuerpo consumido
en sus propios vicios.
Mente despierta y soñadora
en un cuerpo que no resiste sus propios embates.
Diseñado frágil,
pero tenaz, obstinado y un poco torpe.
Quizá hoy se puede levantar.
Es un juego que se llama
"A ver quién resiste más".
Procesador de cuádruple núcleo,
turbocargador,
mal diseñada está la tarjeta madre
que no puede enfriarse rápido.
Concebido en hornos estelares,
fascinación propia (y ajena, tal vez).
A veces las lágrimas son la única forma de disipar tanto calor
del cuarto de máquinas.
Cigarros,
cigarritos. Pasiones que consumen, besos por dar,
un salto que dar; puede ser que soñar pueble
uno que otro corazón.
Llene un alma
que sienta que no se llena con nada.
Un brasero apagado,
ciencias atómicas que explican la chispa.
Es tiempo de vagar.
Encender.
Siempre traigo conmigo un encendedor
para encender. Hay fuegos, se sabe,
que deben ser perpetuos.
Llenar me llena.
He de seguir llenando.
He de vivir.
Vive, hombre.
Vive.
Tienen vida, sueños
y melancolía.
En esa miel han pasado muchas cosas.
Muchas personas, quizás unos mundos.
Algunas se han ido;
quizás ya no regresen.
Un cuerpo consumido
en sus propios vicios.
Mente despierta y soñadora
en un cuerpo que no resiste sus propios embates.
Diseñado frágil,
pero tenaz, obstinado y un poco torpe.
Quizá hoy se puede levantar.
Es un juego que se llama
"A ver quién resiste más".
Procesador de cuádruple núcleo,
turbocargador,
mal diseñada está la tarjeta madre
que no puede enfriarse rápido.
Concebido en hornos estelares,
fascinación propia (y ajena, tal vez).
A veces las lágrimas son la única forma de disipar tanto calor
del cuarto de máquinas.
Cigarros,
cigarritos. Pasiones que consumen, besos por dar,
un salto que dar; puede ser que soñar pueble
uno que otro corazón.
Llene un alma
que sienta que no se llena con nada.
Un brasero apagado,
ciencias atómicas que explican la chispa.
Es tiempo de vagar.
Encender.
Siempre traigo conmigo un encendedor
para encender. Hay fuegos, se sabe,
que deben ser perpetuos.
Llenar me llena.
He de seguir llenando.
He de vivir.
Vive, hombre.
Vive.
jueves, septiembre 27, 2012
Errante
Miro
y puedo leer.
Sé interpretar.
Sé decir.
Veo,
a través de mis ojos,
con mis neuronas,
con mi piel,
el sudor que nos embarga.
Mis manos.
Están frías, me palpan,
me tocan.
Me sienten, pero no sienten
el mundo que las rodea.
El aire. El aire no existe.
Veo,
veo el mundo.
Se desdibuja;
pasa del trabajo final,
al bosquejo, a la hoja en blanco.
Ya no hay más mundo.
Ya no hay más nadie.
Sólo existo yo.
Porque a ese mundo en reversa
yo no pertenezco.
Mis pensamientos ni mis sueños,
tampoco.
No hay más mundo
que lo que mis ojos quieren ver.
No hay más mundo
del que puedo ver más allá.
No hay más mundo
porque simplemente
no hay.
Sólo soy.
Sólo sé que soy.
No pertenezco.
No pertenezco al mundo.
No pertenezco a nadie.
Quizá deba despedirme.
Lo que no entiendo
es cómo llegué a mundos
donde creyeron que pertenecí.
Sujetaron un fantasma.
No sé si me deba ir.
Las relaciones humanas
son muy confusas.
Estoy seguro de no pertenecer.
Y eso es,
sublime.
Pero...
Tampoco
pertenezco a mí.
Lo peor que puede pasar
es que el líder de la Revolución
al final de cuentas
sea un
traidor.
y puedo leer.
Sé interpretar.
Sé decir.
Veo,
a través de mis ojos,
con mis neuronas,
con mi piel,
el sudor que nos embarga.
Mis manos.
Están frías, me palpan,
me tocan.
Me sienten, pero no sienten
el mundo que las rodea.
El aire. El aire no existe.
Veo,
veo el mundo.
Se desdibuja;
pasa del trabajo final,
al bosquejo, a la hoja en blanco.
Ya no hay más mundo.
Ya no hay más nadie.
Sólo existo yo.
Porque a ese mundo en reversa
yo no pertenezco.
Mis pensamientos ni mis sueños,
tampoco.
No hay más mundo
que lo que mis ojos quieren ver.
No hay más mundo
del que puedo ver más allá.
No hay más mundo
porque simplemente
no hay.
Sólo soy.
Sólo sé que soy.
No pertenezco.
No pertenezco al mundo.
No pertenezco a nadie.
Quizá deba despedirme.
Lo que no entiendo
es cómo llegué a mundos
donde creyeron que pertenecí.
Sujetaron un fantasma.
No sé si me deba ir.
Las relaciones humanas
son muy confusas.
Estoy seguro de no pertenecer.
Y eso es,
sublime.
Pero...
Tampoco
pertenezco a mí.
Lo peor que puede pasar
es que el líder de la Revolución
al final de cuentas
sea un
traidor.
domingo, septiembre 16, 2012
Botellas vacías
Una noche en que yo
no te tuve
(pero te quería tener),
fui a una pequeña reunión. Un cumpleaños
donde sólo conocía a dos personas.
¡Qué importa!, me dije.
Fui, con la intención de no saber de mí
y olvidar
que no te podía tener
aquella noche.
Un par de tragos después, entrado en calor
los desconocidos no me parecían
tan desconocidos, sólo
extraños, pero
buena onda todos.
Recargado contra el hombro de la cumpleañera,
sosteniéndome
la espalda de su mejor amiga,
una hora después, me encontraba
trastabillando por ahí,
aún consciente
(creo).
Salimos al OXXO, provisiones para todos;
no había ni aguas locas.
Un tequila, par de rones y cigarros.
Regresamos,
pomos en mano a seguir festejando
a la cumpleañera;
la patria qué, esa morra puede
(y pudo)
esperar.
Un rato más tarde,
las venas hasta el pito de etanol,
recostado en una mesa,
maréandome como buen borracho,
te vi,
recargada en un muro.
Pero sabía que no estabas ahí;
ahí, para mí no había nadie.
Sí, estaba solo
(bueno, un poquito, solamente).
Entonces, ¿qué
fue lo que vi en un muro?
Volví a ver y no había nadie.
Le eché la culpa al alcohol.
Quizá un poco aterrorizado por
esa visión,
llegué con esta amiga.
Hablé, hablé, hablé.
Seguías ahí.
Una pequeña herida fresca
que soñaba con no cerrar,
pero quería vivir sin dolor.
Más alcohol, borrachos random.
Ya no volviste a regresar.
Pero te pensé, pero te pensé.
Creí que te vi otra vez,
pero me convencí
de que estaba
en un error
(creo).
Nunca he sido bueno para convencerme
de nada.
Dormí, dormí, dormí.
Y cuando desperté
cargué mi Cruz.
No había más ganas de soñarte
porque hacerlo me dolía, sin quererlo.
Te busqué, te busqué en mi borrachera.
Pero sólo encontré el suelo
y mis manos vacías.
no te tuve
(pero te quería tener),
fui a una pequeña reunión. Un cumpleaños
donde sólo conocía a dos personas.
¡Qué importa!, me dije.
Fui, con la intención de no saber de mí
y olvidar
que no te podía tener
aquella noche.
Un par de tragos después, entrado en calor
los desconocidos no me parecían
tan desconocidos, sólo
extraños, pero
buena onda todos.
Recargado contra el hombro de la cumpleañera,
sosteniéndome
la espalda de su mejor amiga,
una hora después, me encontraba
trastabillando por ahí,
aún consciente
(creo).
Salimos al OXXO, provisiones para todos;
no había ni aguas locas.
Un tequila, par de rones y cigarros.
Regresamos,
pomos en mano a seguir festejando
a la cumpleañera;
la patria qué, esa morra puede
(y pudo)
esperar.
Un rato más tarde,
las venas hasta el pito de etanol,
recostado en una mesa,
maréandome como buen borracho,
te vi,
recargada en un muro.
Pero sabía que no estabas ahí;
ahí, para mí no había nadie.
Sí, estaba solo
(bueno, un poquito, solamente).
Entonces, ¿qué
fue lo que vi en un muro?
Volví a ver y no había nadie.
Le eché la culpa al alcohol.
Quizá un poco aterrorizado por
esa visión,
llegué con esta amiga.
Hablé, hablé, hablé.
Seguías ahí.
Una pequeña herida fresca
que soñaba con no cerrar,
pero quería vivir sin dolor.
Más alcohol, borrachos random.
Ya no volviste a regresar.
Pero te pensé, pero te pensé.
Creí que te vi otra vez,
pero me convencí
de que estaba
en un error
(creo).
Nunca he sido bueno para convencerme
de nada.
Dormí, dormí, dormí.
Y cuando desperté
cargué mi Cruz.
No había más ganas de soñarte
porque hacerlo me dolía, sin quererlo.
Te busqué, te busqué en mi borrachera.
Pero sólo encontré el suelo
y mis manos vacías.
lunes, septiembre 10, 2012
Scars
Look at these scars.
Look at what they mean.
They may mean everything about me.
They may mean nothing at all.
I am not sure.
Look at these scars.
Now back at your own scars.
Aren't they beautiful?
They must be beautiful.
Somehow, they are not. Not at these times.
Who the hell is sure?
Look at these scars,
so ruthlessly done,
savage memories of broken dreams,
of dead illusions.
What does it mean to have scars?
The pain is still here,
Why am I not sure of anything?
Look at these scars.
They say I've suffered.
They say everything still aches.
Look at them, tell me. Why did I hurt myself
in such way?
Why nobody is sure?
The scars. Do they mean pleasure?
Suffering?
What do they mean. I see my scarred skin
and I don't see anything.
Just vile thoughts running,
pushing me to an edge.
Scars, these scars.
My charred being is not far
from becoming a giant
pile of fucking ashes.
Consumed. There's no blood, there's no blood.
There won't be any blood.
These scars are from blood spilt within.
Look at what they mean.
They may mean everything about me.
They may mean nothing at all.
I am not sure.
Look at these scars.
Now back at your own scars.
Aren't they beautiful?
They must be beautiful.
Somehow, they are not. Not at these times.
Who the hell is sure?
Look at these scars,
so ruthlessly done,
savage memories of broken dreams,
of dead illusions.
What does it mean to have scars?
The pain is still here,
Why am I not sure of anything?
Look at these scars.
They say I've suffered.
They say everything still aches.
Look at them, tell me. Why did I hurt myself
in such way?
Why nobody is sure?
The scars. Do they mean pleasure?
Suffering?
What do they mean. I see my scarred skin
and I don't see anything.
Just vile thoughts running,
pushing me to an edge.
Scars, these scars.
My charred being is not far
from becoming a giant
pile of fucking ashes.
Consumed. There's no blood, there's no blood.
There won't be any blood.
These scars are from blood spilt within.
martes, agosto 14, 2012
No-ficción - Las piedras del volcán y el pasto sobre ellas
Él ya no recuerda cómo fue que terminaron sobre aquellas piedras volcánicas, tirados sobre el pasto. Piensa que tal vez fue aquella ocasión en que quisieron hacer algo en el Centro y se les acabaron las ideas. Tomaron el Metro y de ahí se fueron hasta aquella piedra cubierta de pasto, que parecía ser un césped muy denso. Bueno, esa versión parece ser la más plausible.
Él no recuerda cómo fue que acabaron frente a la Biblioteca. Sólo recuerda que quiso recostarse en el pasto, y que ella lo siguió. Y lo que vino después, de eso también se acuerda.
Vaya que se acuerda. Recuerda bien que, después de echarse sobre la piedra volcánica, ella y él se picaron las costillas hasta el hartazgo; bueno, él más a ella, porque él no es muy cosquilludo. Recuerda, sí, que cuando dejaron de molestarse, estaban muy juntos, el uno del otro.
Él pasó su brazo por debajo de la cabeza de ella. Se abrazaron. Él recuerda perfectamente que ésa era la primera vez que se sentía así en toda esa semana; un día antes había sido su cumpleaños, pero entre todo el barullo no se había sentido tranquilo en un buen rato. Sentirla cerca lo hizo sentirse tan bien.
Hubo un momento, recuerda él, en que sus rostros se tocaban. Ella es pequeña, y estaba acurrucada en él. Él siente (quizá ya lo inventó, estúpida memoria traicionera) que se intentó acomodar el brazo. No había nadie a su alrededor; el silencio era rey; ellos no se decían nada. Él acabó de acomodarse, y ahora los labios de él tocaban la nariz de ella.
Él ya no recuerda cómo fue que ella y él se unieron. Sin embargo, su memoria no le falla al afirmar que no se había sentido así, tan lleno y tan sonriente. No sabe cuánto tiempo pasó. Sólo pasó, sólo volvió a ser.
Estuvieron juntos un rato más. Luego, llegó el momento de irse. En el camino, él le venía cantando una canción de Tin Tan a ella, de ésas románticas-disparatadas del Pachuco de Oro. Se venían riendo, besando. Estaban juntos. Subieron juntos al Metro, y a él se le acabó la memoria.
Y ésta es la crónica de un día que sucedió, hace no mucho, pero que él conserva con mucho cariño dentro de sí.
Irónicamente, más tarde él descubrió que ella prefería a Cantinflas que a Germán Valdés.
Él no recuerda cómo fue que acabaron frente a la Biblioteca. Sólo recuerda que quiso recostarse en el pasto, y que ella lo siguió. Y lo que vino después, de eso también se acuerda.
Vaya que se acuerda. Recuerda bien que, después de echarse sobre la piedra volcánica, ella y él se picaron las costillas hasta el hartazgo; bueno, él más a ella, porque él no es muy cosquilludo. Recuerda, sí, que cuando dejaron de molestarse, estaban muy juntos, el uno del otro.
Él pasó su brazo por debajo de la cabeza de ella. Se abrazaron. Él recuerda perfectamente que ésa era la primera vez que se sentía así en toda esa semana; un día antes había sido su cumpleaños, pero entre todo el barullo no se había sentido tranquilo en un buen rato. Sentirla cerca lo hizo sentirse tan bien.
Hubo un momento, recuerda él, en que sus rostros se tocaban. Ella es pequeña, y estaba acurrucada en él. Él siente (quizá ya lo inventó, estúpida memoria traicionera) que se intentó acomodar el brazo. No había nadie a su alrededor; el silencio era rey; ellos no se decían nada. Él acabó de acomodarse, y ahora los labios de él tocaban la nariz de ella.
Él ya no recuerda cómo fue que ella y él se unieron. Sin embargo, su memoria no le falla al afirmar que no se había sentido así, tan lleno y tan sonriente. No sabe cuánto tiempo pasó. Sólo pasó, sólo volvió a ser.
Estuvieron juntos un rato más. Luego, llegó el momento de irse. En el camino, él le venía cantando una canción de Tin Tan a ella, de ésas románticas-disparatadas del Pachuco de Oro. Se venían riendo, besando. Estaban juntos. Subieron juntos al Metro, y a él se le acabó la memoria.
Y ésta es la crónica de un día que sucedió, hace no mucho, pero que él conserva con mucho cariño dentro de sí.
Irónicamente, más tarde él descubrió que ella prefería a Cantinflas que a Germán Valdés.
viernes, agosto 10, 2012
Ficción - Una historia contenida dentro de un vaso.
Todo es cuestión de perspectiva.
Yo primero pensé que mi fatídico error era haberme liado contigo. Que en un roce de piel me había dejado vulnerable, que te había dejado enraizarte dentro de lo más profundo de mí, permitiendo que perforaras mi mente y mis sentimientos. Te vi como un peligro. Olvida ya lo que dije, olvida ya lo que leíste.
Olvídalo.
Porque en este momento, el párrafo anterior es una mentira.
Hubo una noche en que en mí no hubo nada más que la miserable gana de una ídem borrachera. Supongo que nunca fue lo más correcto, mucho menos lo más sensato; me conozco y sé que, intoxicado, puedo exponerme demasiado y quebrarme completamente. Sin embargo, mi cuerpo deseaba un buen tequila, algo fuerte para apaciguar mi estúpida mente. Fui a la licorera y la asalté.
Un par de tragos más tarde, esa mareada y vívida lucidez me invadió. Estaba solo, botella en mano y pensé en ti. Recordé los rasgos de tu tez, tus animados ojos oscuros, el cabello castaño y desordenado. Recordé aquella vez en que tú... Ya no recuerdo que recordé. Sin embargo, memorizo perfectamente que te dejé de ver como solía verte: como un peligro hacia mí.
Una pequeña imagen, la tuya, que contrastaba con la gris realidad que en torno a mí había yo construido. Luminosa, ¿sabes?
Todo es cuestión de perspectiva.
Yo primero pensé que mi fatídico error era haberme liado contigo. Que en un roce de piel me había dejado vulnerable, que te había dejado enraizarte dentro de lo más profundo de mí, permitiendo que perforaras mi mente y mis sentimientos. Te vi como un peligro. Olvida ya lo que dije, olvida ya lo que leíste.
Olvídalo.
Porque en este momento, el párrafo anterior es una mentira.
Hubo una noche en que en mí no hubo nada más que la miserable gana de una ídem borrachera. Supongo que nunca fue lo más correcto, mucho menos lo más sensato; me conozco y sé que, intoxicado, puedo exponerme demasiado y quebrarme completamente. Sin embargo, mi cuerpo deseaba un buen tequila, algo fuerte para apaciguar mi estúpida mente. Fui a la licorera y la asalté.
Un par de tragos más tarde, esa mareada y vívida lucidez me invadió. Estaba solo, botella en mano y pensé en ti. Recordé los rasgos de tu tez, tus animados ojos oscuros, el cabello castaño y desordenado. Recordé aquella vez en que tú... Ya no recuerdo que recordé. Sin embargo, memorizo perfectamente que te dejé de ver como solía verte: como un peligro hacia mí.
Una pequeña imagen, la tuya, que contrastaba con la gris realidad que en torno a mí había yo construido. Luminosa, ¿sabes?
Todo es cuestión de perspectiva.
viernes, agosto 03, 2012
Matters of jealousy, pride and love.
Como se lo comenté a Royal, hay un vacío que ella llena y que, cuando se va, siento deja más vacío todavía. ¿Por qué? No lo sé. Tantas ganas de que no desapareciera de la nada, que de vez en cuando recibiese un mensaje suyo, por el medio que fuese. Y sé que ella no es del tipo de persona, pero que por favor, a su manera, me haga sentir que no me ha olvidado.
Sus celos, a veces desbocados, la forma desdeñosa en la que a veces me habla, me hacen dudar de mí mismo y de la decisión que juntos tomamos. Hace un buen rato no me clavaba con alguien. Y, como la vez anterior, no me clavé con la mejor persona.
Tengo tantos sentimientos encontrados brotándome. Ganas de reclamarle, pero con ganas de callarme al mismo tiempo para estrecharla entre mis brazos en otro de esos momentos juntos. Ganas de estar con ella, ganas de saberla lejos. Ganas de no sentir.
Ganas de mejor no haberla conocido, haberme ahorrado este desmadre y no tener apego con nadie, como lo había venido haciendo.
Y sin embargo, estoy aquí,
esperando a que lo que me prometiste entre plenamente en vigor.
Por dentro, me desgajo un poco;
cuando te veo, me compongo un poco.
El problema es
que ya no sé
si me desgajo más
de lo que me compongo.
Sus celos, a veces desbocados, la forma desdeñosa en la que a veces me habla, me hacen dudar de mí mismo y de la decisión que juntos tomamos. Hace un buen rato no me clavaba con alguien. Y, como la vez anterior, no me clavé con la mejor persona.
Tengo tantos sentimientos encontrados brotándome. Ganas de reclamarle, pero con ganas de callarme al mismo tiempo para estrecharla entre mis brazos en otro de esos momentos juntos. Ganas de estar con ella, ganas de saberla lejos. Ganas de no sentir.
Ganas de mejor no haberla conocido, haberme ahorrado este desmadre y no tener apego con nadie, como lo había venido haciendo.
Y sin embargo, estoy aquí,
esperando a que lo que me prometiste entre plenamente en vigor.
Por dentro, me desgajo un poco;
cuando te veo, me compongo un poco.
El problema es
que ya no sé
si me desgajo más
de lo que me compongo.
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