Mira esos ojos.
Tienen vida, sueños
y melancolía.
En esa miel han pasado muchas cosas.
Muchas personas, quizás unos mundos.
Algunas se han ido;
quizás ya no regresen.
Un cuerpo consumido
en sus propios vicios.
Mente despierta y soñadora
en un cuerpo que no resiste sus propios embates.
Diseñado frágil,
pero tenaz, obstinado y un poco torpe.
Quizá hoy se puede levantar.
Es un juego que se llama
"A ver quién resiste más".
Procesador de cuádruple núcleo,
turbocargador,
mal diseñada está la tarjeta madre
que no puede enfriarse rápido.
Concebido en hornos estelares,
fascinación propia (y ajena, tal vez).
A veces las lágrimas son la única forma de disipar tanto calor
del cuarto de máquinas.
Cigarros,
cigarritos. Pasiones que consumen, besos por dar,
un salto que dar; puede ser que soñar pueble
uno que otro corazón.
Llene un alma
que sienta que no se llena con nada.
Un brasero apagado,
ciencias atómicas que explican la chispa.
Es tiempo de vagar.
Encender.
Siempre traigo conmigo un encendedor
para encender. Hay fuegos, se sabe,
que deben ser perpetuos.
Llenar me llena.
He de seguir llenando.
He de vivir.
Vive, hombre.
Vive.
domingo, octubre 07, 2012
jueves, septiembre 27, 2012
Errante
Miro
y puedo leer.
Sé interpretar.
Sé decir.
Veo,
a través de mis ojos,
con mis neuronas,
con mi piel,
el sudor que nos embarga.
Mis manos.
Están frías, me palpan,
me tocan.
Me sienten, pero no sienten
el mundo que las rodea.
El aire. El aire no existe.
Veo,
veo el mundo.
Se desdibuja;
pasa del trabajo final,
al bosquejo, a la hoja en blanco.
Ya no hay más mundo.
Ya no hay más nadie.
Sólo existo yo.
Porque a ese mundo en reversa
yo no pertenezco.
Mis pensamientos ni mis sueños,
tampoco.
No hay más mundo
que lo que mis ojos quieren ver.
No hay más mundo
del que puedo ver más allá.
No hay más mundo
porque simplemente
no hay.
Sólo soy.
Sólo sé que soy.
No pertenezco.
No pertenezco al mundo.
No pertenezco a nadie.
Quizá deba despedirme.
Lo que no entiendo
es cómo llegué a mundos
donde creyeron que pertenecí.
Sujetaron un fantasma.
No sé si me deba ir.
Las relaciones humanas
son muy confusas.
Estoy seguro de no pertenecer.
Y eso es,
sublime.
Pero...
Tampoco
pertenezco a mí.
Lo peor que puede pasar
es que el líder de la Revolución
al final de cuentas
sea un
traidor.
y puedo leer.
Sé interpretar.
Sé decir.
Veo,
a través de mis ojos,
con mis neuronas,
con mi piel,
el sudor que nos embarga.
Mis manos.
Están frías, me palpan,
me tocan.
Me sienten, pero no sienten
el mundo que las rodea.
El aire. El aire no existe.
Veo,
veo el mundo.
Se desdibuja;
pasa del trabajo final,
al bosquejo, a la hoja en blanco.
Ya no hay más mundo.
Ya no hay más nadie.
Sólo existo yo.
Porque a ese mundo en reversa
yo no pertenezco.
Mis pensamientos ni mis sueños,
tampoco.
No hay más mundo
que lo que mis ojos quieren ver.
No hay más mundo
del que puedo ver más allá.
No hay más mundo
porque simplemente
no hay.
Sólo soy.
Sólo sé que soy.
No pertenezco.
No pertenezco al mundo.
No pertenezco a nadie.
Quizá deba despedirme.
Lo que no entiendo
es cómo llegué a mundos
donde creyeron que pertenecí.
Sujetaron un fantasma.
No sé si me deba ir.
Las relaciones humanas
son muy confusas.
Estoy seguro de no pertenecer.
Y eso es,
sublime.
Pero...
Tampoco
pertenezco a mí.
Lo peor que puede pasar
es que el líder de la Revolución
al final de cuentas
sea un
traidor.
domingo, septiembre 16, 2012
Botellas vacías
Una noche en que yo
no te tuve
(pero te quería tener),
fui a una pequeña reunión. Un cumpleaños
donde sólo conocía a dos personas.
¡Qué importa!, me dije.
Fui, con la intención de no saber de mí
y olvidar
que no te podía tener
aquella noche.
Un par de tragos después, entrado en calor
los desconocidos no me parecían
tan desconocidos, sólo
extraños, pero
buena onda todos.
Recargado contra el hombro de la cumpleañera,
sosteniéndome
la espalda de su mejor amiga,
una hora después, me encontraba
trastabillando por ahí,
aún consciente
(creo).
Salimos al OXXO, provisiones para todos;
no había ni aguas locas.
Un tequila, par de rones y cigarros.
Regresamos,
pomos en mano a seguir festejando
a la cumpleañera;
la patria qué, esa morra puede
(y pudo)
esperar.
Un rato más tarde,
las venas hasta el pito de etanol,
recostado en una mesa,
maréandome como buen borracho,
te vi,
recargada en un muro.
Pero sabía que no estabas ahí;
ahí, para mí no había nadie.
Sí, estaba solo
(bueno, un poquito, solamente).
Entonces, ¿qué
fue lo que vi en un muro?
Volví a ver y no había nadie.
Le eché la culpa al alcohol.
Quizá un poco aterrorizado por
esa visión,
llegué con esta amiga.
Hablé, hablé, hablé.
Seguías ahí.
Una pequeña herida fresca
que soñaba con no cerrar,
pero quería vivir sin dolor.
Más alcohol, borrachos random.
Ya no volviste a regresar.
Pero te pensé, pero te pensé.
Creí que te vi otra vez,
pero me convencí
de que estaba
en un error
(creo).
Nunca he sido bueno para convencerme
de nada.
Dormí, dormí, dormí.
Y cuando desperté
cargué mi Cruz.
No había más ganas de soñarte
porque hacerlo me dolía, sin quererlo.
Te busqué, te busqué en mi borrachera.
Pero sólo encontré el suelo
y mis manos vacías.
no te tuve
(pero te quería tener),
fui a una pequeña reunión. Un cumpleaños
donde sólo conocía a dos personas.
¡Qué importa!, me dije.
Fui, con la intención de no saber de mí
y olvidar
que no te podía tener
aquella noche.
Un par de tragos después, entrado en calor
los desconocidos no me parecían
tan desconocidos, sólo
extraños, pero
buena onda todos.
Recargado contra el hombro de la cumpleañera,
sosteniéndome
la espalda de su mejor amiga,
una hora después, me encontraba
trastabillando por ahí,
aún consciente
(creo).
Salimos al OXXO, provisiones para todos;
no había ni aguas locas.
Un tequila, par de rones y cigarros.
Regresamos,
pomos en mano a seguir festejando
a la cumpleañera;
la patria qué, esa morra puede
(y pudo)
esperar.
Un rato más tarde,
las venas hasta el pito de etanol,
recostado en una mesa,
maréandome como buen borracho,
te vi,
recargada en un muro.
Pero sabía que no estabas ahí;
ahí, para mí no había nadie.
Sí, estaba solo
(bueno, un poquito, solamente).
Entonces, ¿qué
fue lo que vi en un muro?
Volví a ver y no había nadie.
Le eché la culpa al alcohol.
Quizá un poco aterrorizado por
esa visión,
llegué con esta amiga.
Hablé, hablé, hablé.
Seguías ahí.
Una pequeña herida fresca
que soñaba con no cerrar,
pero quería vivir sin dolor.
Más alcohol, borrachos random.
Ya no volviste a regresar.
Pero te pensé, pero te pensé.
Creí que te vi otra vez,
pero me convencí
de que estaba
en un error
(creo).
Nunca he sido bueno para convencerme
de nada.
Dormí, dormí, dormí.
Y cuando desperté
cargué mi Cruz.
No había más ganas de soñarte
porque hacerlo me dolía, sin quererlo.
Te busqué, te busqué en mi borrachera.
Pero sólo encontré el suelo
y mis manos vacías.
lunes, septiembre 10, 2012
Scars
Look at these scars.
Look at what they mean.
They may mean everything about me.
They may mean nothing at all.
I am not sure.
Look at these scars.
Now back at your own scars.
Aren't they beautiful?
They must be beautiful.
Somehow, they are not. Not at these times.
Who the hell is sure?
Look at these scars,
so ruthlessly done,
savage memories of broken dreams,
of dead illusions.
What does it mean to have scars?
The pain is still here,
Why am I not sure of anything?
Look at these scars.
They say I've suffered.
They say everything still aches.
Look at them, tell me. Why did I hurt myself
in such way?
Why nobody is sure?
The scars. Do they mean pleasure?
Suffering?
What do they mean. I see my scarred skin
and I don't see anything.
Just vile thoughts running,
pushing me to an edge.
Scars, these scars.
My charred being is not far
from becoming a giant
pile of fucking ashes.
Consumed. There's no blood, there's no blood.
There won't be any blood.
These scars are from blood spilt within.
Look at what they mean.
They may mean everything about me.
They may mean nothing at all.
I am not sure.
Look at these scars.
Now back at your own scars.
Aren't they beautiful?
They must be beautiful.
Somehow, they are not. Not at these times.
Who the hell is sure?
Look at these scars,
so ruthlessly done,
savage memories of broken dreams,
of dead illusions.
What does it mean to have scars?
The pain is still here,
Why am I not sure of anything?
Look at these scars.
They say I've suffered.
They say everything still aches.
Look at them, tell me. Why did I hurt myself
in such way?
Why nobody is sure?
The scars. Do they mean pleasure?
Suffering?
What do they mean. I see my scarred skin
and I don't see anything.
Just vile thoughts running,
pushing me to an edge.
Scars, these scars.
My charred being is not far
from becoming a giant
pile of fucking ashes.
Consumed. There's no blood, there's no blood.
There won't be any blood.
These scars are from blood spilt within.
martes, agosto 14, 2012
No-ficción - Las piedras del volcán y el pasto sobre ellas
Él ya no recuerda cómo fue que terminaron sobre aquellas piedras volcánicas, tirados sobre el pasto. Piensa que tal vez fue aquella ocasión en que quisieron hacer algo en el Centro y se les acabaron las ideas. Tomaron el Metro y de ahí se fueron hasta aquella piedra cubierta de pasto, que parecía ser un césped muy denso. Bueno, esa versión parece ser la más plausible.
Él no recuerda cómo fue que acabaron frente a la Biblioteca. Sólo recuerda que quiso recostarse en el pasto, y que ella lo siguió. Y lo que vino después, de eso también se acuerda.
Vaya que se acuerda. Recuerda bien que, después de echarse sobre la piedra volcánica, ella y él se picaron las costillas hasta el hartazgo; bueno, él más a ella, porque él no es muy cosquilludo. Recuerda, sí, que cuando dejaron de molestarse, estaban muy juntos, el uno del otro.
Él pasó su brazo por debajo de la cabeza de ella. Se abrazaron. Él recuerda perfectamente que ésa era la primera vez que se sentía así en toda esa semana; un día antes había sido su cumpleaños, pero entre todo el barullo no se había sentido tranquilo en un buen rato. Sentirla cerca lo hizo sentirse tan bien.
Hubo un momento, recuerda él, en que sus rostros se tocaban. Ella es pequeña, y estaba acurrucada en él. Él siente (quizá ya lo inventó, estúpida memoria traicionera) que se intentó acomodar el brazo. No había nadie a su alrededor; el silencio era rey; ellos no se decían nada. Él acabó de acomodarse, y ahora los labios de él tocaban la nariz de ella.
Él ya no recuerda cómo fue que ella y él se unieron. Sin embargo, su memoria no le falla al afirmar que no se había sentido así, tan lleno y tan sonriente. No sabe cuánto tiempo pasó. Sólo pasó, sólo volvió a ser.
Estuvieron juntos un rato más. Luego, llegó el momento de irse. En el camino, él le venía cantando una canción de Tin Tan a ella, de ésas románticas-disparatadas del Pachuco de Oro. Se venían riendo, besando. Estaban juntos. Subieron juntos al Metro, y a él se le acabó la memoria.
Y ésta es la crónica de un día que sucedió, hace no mucho, pero que él conserva con mucho cariño dentro de sí.
Irónicamente, más tarde él descubrió que ella prefería a Cantinflas que a Germán Valdés.
Él no recuerda cómo fue que acabaron frente a la Biblioteca. Sólo recuerda que quiso recostarse en el pasto, y que ella lo siguió. Y lo que vino después, de eso también se acuerda.
Vaya que se acuerda. Recuerda bien que, después de echarse sobre la piedra volcánica, ella y él se picaron las costillas hasta el hartazgo; bueno, él más a ella, porque él no es muy cosquilludo. Recuerda, sí, que cuando dejaron de molestarse, estaban muy juntos, el uno del otro.
Él pasó su brazo por debajo de la cabeza de ella. Se abrazaron. Él recuerda perfectamente que ésa era la primera vez que se sentía así en toda esa semana; un día antes había sido su cumpleaños, pero entre todo el barullo no se había sentido tranquilo en un buen rato. Sentirla cerca lo hizo sentirse tan bien.
Hubo un momento, recuerda él, en que sus rostros se tocaban. Ella es pequeña, y estaba acurrucada en él. Él siente (quizá ya lo inventó, estúpida memoria traicionera) que se intentó acomodar el brazo. No había nadie a su alrededor; el silencio era rey; ellos no se decían nada. Él acabó de acomodarse, y ahora los labios de él tocaban la nariz de ella.
Él ya no recuerda cómo fue que ella y él se unieron. Sin embargo, su memoria no le falla al afirmar que no se había sentido así, tan lleno y tan sonriente. No sabe cuánto tiempo pasó. Sólo pasó, sólo volvió a ser.
Estuvieron juntos un rato más. Luego, llegó el momento de irse. En el camino, él le venía cantando una canción de Tin Tan a ella, de ésas románticas-disparatadas del Pachuco de Oro. Se venían riendo, besando. Estaban juntos. Subieron juntos al Metro, y a él se le acabó la memoria.
Y ésta es la crónica de un día que sucedió, hace no mucho, pero que él conserva con mucho cariño dentro de sí.
Irónicamente, más tarde él descubrió que ella prefería a Cantinflas que a Germán Valdés.
viernes, agosto 10, 2012
Ficción - Una historia contenida dentro de un vaso.
Todo es cuestión de perspectiva.
Yo primero pensé que mi fatídico error era haberme liado contigo. Que en un roce de piel me había dejado vulnerable, que te había dejado enraizarte dentro de lo más profundo de mí, permitiendo que perforaras mi mente y mis sentimientos. Te vi como un peligro. Olvida ya lo que dije, olvida ya lo que leíste.
Olvídalo.
Porque en este momento, el párrafo anterior es una mentira.
Hubo una noche en que en mí no hubo nada más que la miserable gana de una ídem borrachera. Supongo que nunca fue lo más correcto, mucho menos lo más sensato; me conozco y sé que, intoxicado, puedo exponerme demasiado y quebrarme completamente. Sin embargo, mi cuerpo deseaba un buen tequila, algo fuerte para apaciguar mi estúpida mente. Fui a la licorera y la asalté.
Un par de tragos más tarde, esa mareada y vívida lucidez me invadió. Estaba solo, botella en mano y pensé en ti. Recordé los rasgos de tu tez, tus animados ojos oscuros, el cabello castaño y desordenado. Recordé aquella vez en que tú... Ya no recuerdo que recordé. Sin embargo, memorizo perfectamente que te dejé de ver como solía verte: como un peligro hacia mí.
Una pequeña imagen, la tuya, que contrastaba con la gris realidad que en torno a mí había yo construido. Luminosa, ¿sabes?
Todo es cuestión de perspectiva.
Yo primero pensé que mi fatídico error era haberme liado contigo. Que en un roce de piel me había dejado vulnerable, que te había dejado enraizarte dentro de lo más profundo de mí, permitiendo que perforaras mi mente y mis sentimientos. Te vi como un peligro. Olvida ya lo que dije, olvida ya lo que leíste.
Olvídalo.
Porque en este momento, el párrafo anterior es una mentira.
Hubo una noche en que en mí no hubo nada más que la miserable gana de una ídem borrachera. Supongo que nunca fue lo más correcto, mucho menos lo más sensato; me conozco y sé que, intoxicado, puedo exponerme demasiado y quebrarme completamente. Sin embargo, mi cuerpo deseaba un buen tequila, algo fuerte para apaciguar mi estúpida mente. Fui a la licorera y la asalté.
Un par de tragos más tarde, esa mareada y vívida lucidez me invadió. Estaba solo, botella en mano y pensé en ti. Recordé los rasgos de tu tez, tus animados ojos oscuros, el cabello castaño y desordenado. Recordé aquella vez en que tú... Ya no recuerdo que recordé. Sin embargo, memorizo perfectamente que te dejé de ver como solía verte: como un peligro hacia mí.
Una pequeña imagen, la tuya, que contrastaba con la gris realidad que en torno a mí había yo construido. Luminosa, ¿sabes?
Todo es cuestión de perspectiva.
viernes, agosto 03, 2012
Matters of jealousy, pride and love.
Como se lo comenté a Royal, hay un vacío que ella llena y que, cuando se va, siento deja más vacío todavía. ¿Por qué? No lo sé. Tantas ganas de que no desapareciera de la nada, que de vez en cuando recibiese un mensaje suyo, por el medio que fuese. Y sé que ella no es del tipo de persona, pero que por favor, a su manera, me haga sentir que no me ha olvidado.
Sus celos, a veces desbocados, la forma desdeñosa en la que a veces me habla, me hacen dudar de mí mismo y de la decisión que juntos tomamos. Hace un buen rato no me clavaba con alguien. Y, como la vez anterior, no me clavé con la mejor persona.
Tengo tantos sentimientos encontrados brotándome. Ganas de reclamarle, pero con ganas de callarme al mismo tiempo para estrecharla entre mis brazos en otro de esos momentos juntos. Ganas de estar con ella, ganas de saberla lejos. Ganas de no sentir.
Ganas de mejor no haberla conocido, haberme ahorrado este desmadre y no tener apego con nadie, como lo había venido haciendo.
Y sin embargo, estoy aquí,
esperando a que lo que me prometiste entre plenamente en vigor.
Por dentro, me desgajo un poco;
cuando te veo, me compongo un poco.
El problema es
que ya no sé
si me desgajo más
de lo que me compongo.
Sus celos, a veces desbocados, la forma desdeñosa en la que a veces me habla, me hacen dudar de mí mismo y de la decisión que juntos tomamos. Hace un buen rato no me clavaba con alguien. Y, como la vez anterior, no me clavé con la mejor persona.
Tengo tantos sentimientos encontrados brotándome. Ganas de reclamarle, pero con ganas de callarme al mismo tiempo para estrecharla entre mis brazos en otro de esos momentos juntos. Ganas de estar con ella, ganas de saberla lejos. Ganas de no sentir.
Ganas de mejor no haberla conocido, haberme ahorrado este desmadre y no tener apego con nadie, como lo había venido haciendo.
Y sin embargo, estoy aquí,
esperando a que lo que me prometiste entre plenamente en vigor.
Por dentro, me desgajo un poco;
cuando te veo, me compongo un poco.
El problema es
que ya no sé
si me desgajo más
de lo que me compongo.
miércoles, julio 25, 2012
Je suis un roi.
Una noche, como cualquier otra, salgo al patio de mi casa. Saco mis cigarrillos, abro la puerta de la casa con cuidado (para no despertar a nadie) y enciendo uno. Lo disfruto, sintiendo el frío de una noche como cualquier otra.
Este es un ritual que se repite noche tras noche, mientras me queden cigarros. En la noche, mi voluntad es acatada cabalmente. Aquí, yo soy victorioso, vencido e inquisidor al mismo tiempo.
Una noche en que los papeles se intercambian, yo decido y soy quien quiero ser, viviendo bajo el mismo techo que la principal opositora a mi reinado. Y, sin embargo, usurpando temporalmente lo que es suyo, convierto la casa en una extensión de mis deseos.
Son pequeñas cosas las que cambian el sentido de otras más grandes. Las coronas no te hacen rey. Sólo depende de quién y cuándo esté.
Soy rey de mis propias noches. Y así me encanta que sea.
Este es un ritual que se repite noche tras noche, mientras me queden cigarros. En la noche, mi voluntad es acatada cabalmente. Aquí, yo soy victorioso, vencido e inquisidor al mismo tiempo.
Una noche en que los papeles se intercambian, yo decido y soy quien quiero ser, viviendo bajo el mismo techo que la principal opositora a mi reinado. Y, sin embargo, usurpando temporalmente lo que es suyo, convierto la casa en una extensión de mis deseos.
Son pequeñas cosas las que cambian el sentido de otras más grandes. Las coronas no te hacen rey. Sólo depende de quién y cuándo esté.
Soy rey de mis propias noches. Y así me encanta que sea.
lunes, julio 16, 2012
Telón.
Es en la noche
cuando suceden
las orgías, los bailes, los sentimientos y los amores.
Es en la noche cuando los dedos rozan otra piel,
cuando suceden
las orgías, los bailes, los sentimientos y los amores.
Es en la noche cuando los dedos rozan otra piel,
otro espacio y otro Universo,
que no tienen más frontera que el gemir de unos labios.
Es en la noche
Es en la noche
cuando el bullicio termina,
el silencio se escucha, se percibe todo, cada átomo, cada célula de piel.
Es en la noche
Es en la noche
cuando caen los telones,
lágrimas de niños en los rincones, encuentros furtivos, el tenue palpitar
de la noche oscura.
Es aquí,
Es aquí,
cuando aparecen los fantasmas, los sueños, las ilusiones,
las ilusiones y las frustraciones,
que soñaron con mundos mejores,
pero que encontraron compañía, en manos
de alguna señorita en la noche.
Bienvenidos al hermoso mar de la noche,
Bienvenidos al hermoso mar de la noche,
que nunca duerme en quienes han decidido embarcarse en sus aguas,
tratando de encontrarse.
Encontrarse en otro, encontrarse en las aguas de la noche. En que dos besos fugaces
Encontrarse en otro, encontrarse en las aguas de la noche. En que dos besos fugaces
cruzan las frentes, los amores unidos en un sólo instante.
En un sólo instante que los engulle a los dos,
hasta el amanecer de un día que
olvidará que la noche existió.
sábado, julio 07, 2012
El gran concierto en el cielo
Si al final, todos estaremos muertos,
flotando entre notas
de alguna canción,
de algún átomo vibrante,
de algún recuerdo vacío.
Soy.
Ahora soy.
Mañana no seré.
Estoy vivo,
y todo este gran espectáculo,
maravilla de mis ojos y oídos.
Estoy,
estoy viendo el concierto más grande,
el gran concierto en el cielo.
flotando entre notas
de alguna canción,
de algún átomo vibrante,
de algún recuerdo vacío.
Soy.
Ahora soy.
Mañana no seré.
Estoy vivo,
y todo este gran espectáculo,
maravilla de mis ojos y oídos.
Estoy,
estoy viendo el concierto más grande,
el gran concierto en el cielo.
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