Hoy mis palabras mueren,
se desangran mientras hacen
oraciones dolorosas.
Hoy mis palabras mueren;
reguero de sangre,
charcos de lágrimas rojas.
Hoy mis sueños mueren
porque no hay qué comer,
no hay qué decir.
Hoy mis sueños mueren,
en pasillos blancos
donde todos somos sordos
para no oír los gritos de agonía.
Las palabras mueren,
sus cadáveres arden.
Me he quedado sin voz,
pero mi garganta aún grita,
sintiendo que se desgarra
a cada alarido
que a ella le he proferido.
jueves, marzo 22, 2012
miércoles, febrero 29, 2012
La entrada random, un 29 de febrero
Tengo los párpados tristes y la apatía del día siguiente.
Me pesa estar despierto. Bueno, ahorita,
sí. Sí me pesa.
Hay cosas pendientes para mañana,
libros que leer,
láminas que dibujar,
horas que vivir. ¿Vivir?
¿Qué es vivir?
La pregunta existencial salta
pero salta más por juguetona,
porque nunca se ha tomado su seriedad
en serio.
Prendo el bóiler para al rato.
En un rato más botará el piloto
y me dirá que ya terminó de calentar.
Vaya. Tremendo día.
Hoy no pasó nada y siento pasó absolutamente
todo lo que pudo haber pasado. Pero no pasó.
Nunca pasa nada. Nunca, nunca, nunca.
Es el mismo cuento de nunca acabar.
Y yo,
inútilmente quejándome un
29 de febrero.
Cuatro años más para volver a quejarme el día de hoy.
Bueno, hoy ya no, porque
en cuatro años será 2016 y no
2012. 2012 como ahorita.
Aún no cumplo años.
Ya mero es. Quiero que ya sea. ¿Por qué?
No sé. Mis párpados tienen sueño y ellos tampoco saben.
Me pesa estar despierto. Bueno, ahorita,
sí. Sí me pesa.
Hay cosas pendientes para mañana,
libros que leer,
láminas que dibujar,
horas que vivir. ¿Vivir?
¿Qué es vivir?
La pregunta existencial salta
pero salta más por juguetona,
porque nunca se ha tomado su seriedad
en serio.
Prendo el bóiler para al rato.
En un rato más botará el piloto
y me dirá que ya terminó de calentar.
Vaya. Tremendo día.
Hoy no pasó nada y siento pasó absolutamente
todo lo que pudo haber pasado. Pero no pasó.
Nunca pasa nada. Nunca, nunca, nunca.
Es el mismo cuento de nunca acabar.
Y yo,
inútilmente quejándome un
29 de febrero.
Cuatro años más para volver a quejarme el día de hoy.
Bueno, hoy ya no, porque
en cuatro años será 2016 y no
2012. 2012 como ahorita.
Aún no cumplo años.
Ya mero es. Quiero que ya sea. ¿Por qué?
No sé. Mis párpados tienen sueño y ellos tampoco saben.
domingo, febrero 26, 2012
Cruzar la frontera
Es triste, ¿no? Cuando produce esas palabras que conmueven tu corazón y buscas su consuelo en ese mismo instante, en un momento amargado por las presiones, la potencialidad del insulto. Sí, es triste. Es triste sentir la necesidad de explotar, soltar amarras y dejar las lágrimas caer. Que su abrazo te envuelva y tú quieras deshacerte en tristes lágrimas. Pero no puedes. No puedes. Llorar te hace débil frente a sus ojos. Te vulnera. No puedes demostrar lo que sientes. No con él. De hecho, con ninguno.
Llorar frente a ellos te ha vuelto un ser absurdo frente a sus ojos. No entienden. No pueden entender. No tienen por qué. Sigues siendo solitario. Sigues siendo el mismo tipo que puede brincar montañas, pero no un mísero escalón.
Sigues siendo el mismo que espera lo que nunca conseguirá de sus manos. Nunca lo conseguiré, por más que sea tan fácil obtenerlo después de una simple petición.
Un abrazo, una caricia, un "te quiero" sincero.
Tuve que decirle adiós. Tuve que decirle adiós, porque no tenía tiempo. Tenía que entrar. No quería entrar. Por mí, hubiera corrido hacia donde nunca me encontraran, para nunca regresar a ver sus ojos, para nunca buscar lo que nunca encontraré.
Bajé del coche, abrí la puerta negra y entré. Logré contener aquella pequeña lágrima y entré a mi casa. Saludé a mi hermano y él me recibió con una sonrisa. Yo no se la pude devolver.
Buenas noches.
Llorar frente a ellos te ha vuelto un ser absurdo frente a sus ojos. No entienden. No pueden entender. No tienen por qué. Sigues siendo solitario. Sigues siendo el mismo tipo que puede brincar montañas, pero no un mísero escalón.
Sigues siendo el mismo que espera lo que nunca conseguirá de sus manos. Nunca lo conseguiré, por más que sea tan fácil obtenerlo después de una simple petición.
Un abrazo, una caricia, un "te quiero" sincero.
Tuve que decirle adiós. Tuve que decirle adiós, porque no tenía tiempo. Tenía que entrar. No quería entrar. Por mí, hubiera corrido hacia donde nunca me encontraran, para nunca regresar a ver sus ojos, para nunca buscar lo que nunca encontraré.
Bajé del coche, abrí la puerta negra y entré. Logré contener aquella pequeña lágrima y entré a mi casa. Saludé a mi hermano y él me recibió con una sonrisa. Yo no se la pude devolver.
Buenas noches.
jueves, febrero 16, 2012
Etanol
"Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad"
Refranero popular
Hace mucho tiempo no te veía así: tambaleante, un poco perdido y con las mejillas sonrosadas. No estuve contigo más que unos pocos minutos antes de irnos a dormir. Igual, yo también un poco intoxicado caminé hacia la cama y me recosté. Milagrosamente, no me mareé como dicen sucede. Miré al techo y esperé.
Antes de acostarte, con tus pasos trastabillantes, tu mirada perdida y una sonrisa tranquila, balbuceando me dijiste algo que hace mucho no escuchaba de ti. Era algo con dedicatoria especial para mí. Algo que casi nunca escucho con ternura de tu voz cuando la sobriedad te domina. Algo que hace mucho tiempo quería oír.
Me dijiste buenas noches. Sonreí. Esta vez, pudo más el cansancio que nuestra voluntad para cualquier cosa; era ya tan tarde que se había vuelto muy temprano. No me dijiste ya más. Silencio.
Sin embargo, la sinceridad en tus palabras me dijo que no necesitaba escuchar más. Aunque no vea esa faceta tuya muy seguido, aprovecho cada vez para disfrutar de lo que realmente me quisiste decir, de todo aquello que escondiste detrás de tu sobria madurez.
domingo, enero 29, 2012
Génesis
Hoy sentí el Universo fluir por mis venas. Un chispazo súbito en que dejé de ser materia y fui energía. No éramos muchos; éramos uno solo. Una sola ola vibrante, un solo suspiro; un solo ser.
Soy polvo de estrella hecho carne. Soy hijo de una supernova, de un hoyo negro y de un asteroide. Soy un sueño, soy una ilusión, y al mismo tiempo, soy materia pensante. Regresaré con mi familia estelar algún día. Sepan que ése será mi destino. Morid, hijos del Universo, que de ustedes nacerán galaxias enteras.
Soy polvo de estrella hecho carne. Soy hijo de una supernova, de un hoyo negro y de un asteroide. Soy un sueño, soy una ilusión, y al mismo tiempo, soy materia pensante. Regresaré con mi familia estelar algún día. Sepan que ése será mi destino. Morid, hijos del Universo, que de ustedes nacerán galaxias enteras.
viernes, enero 27, 2012
Estrellas muertas
"Esas palabras. Me dijiste gracias, gracias por todo. Y se asomó una tímida sonrisa..."
Y es aquí cuando mi inspiración se acabó. Un segundo más tarde ya estoy pensando en otra cosa. Y se acabó mi gana de escribir o de lo que pretendía hacer; se esfuma. Luego...
Una mariposa revoloteó. Blanca, con ligeros toques verdes en las alas pasó volando toscamente por el cuarto. Viró, viró, viró y se salió por la ventana. Con ella se fue un pequeño deseo, envuelto en lágrimas melancólicas. Quizá no regrese. No sé siquiera si yo deseo regrese.
Quisiera que lloviera. Que las gotas cayeran y sintiera como mi alma se purifica. Que observara como se caen las costras putrefactas adheridas a una purulenta piel, la mía. Que viera cómo vuelvo a ser limpio. Libre. Agua, cae, cae sobre mí.
Un enchufe me acerca a placebos anti-soledad. Aquí estoy, aquí vivo. Aquí quiero quedarme, para no sentir que muero. Que me consumo por dentro. Una morfina para el corazón que fluye por mis venas, a través de un chispazo eléctrico, transistores, capacitores y su respectiva tarjeta madre.
Estrellas muertas. Estrellas que absorben. Estrellas que consumen. Estrellas que reaccionan. Estrellas que brillan hasta apagarse. Estrellas vivas que alumbran tanto como hoyos negros. Alumbradores de planetas. Calcinadores de asteroides. Muerte, luz y claroscuros del Universo.
Y es aquí cuando mi inspiración se acabó. Un segundo más tarde ya estoy pensando en otra cosa. Y se acabó mi gana de escribir o de lo que pretendía hacer; se esfuma. Luego...
Una mariposa revoloteó. Blanca, con ligeros toques verdes en las alas pasó volando toscamente por el cuarto. Viró, viró, viró y se salió por la ventana. Con ella se fue un pequeño deseo, envuelto en lágrimas melancólicas. Quizá no regrese. No sé siquiera si yo deseo regrese.
Quisiera que lloviera. Que las gotas cayeran y sintiera como mi alma se purifica. Que observara como se caen las costras putrefactas adheridas a una purulenta piel, la mía. Que viera cómo vuelvo a ser limpio. Libre. Agua, cae, cae sobre mí.
Un enchufe me acerca a placebos anti-soledad. Aquí estoy, aquí vivo. Aquí quiero quedarme, para no sentir que muero. Que me consumo por dentro. Una morfina para el corazón que fluye por mis venas, a través de un chispazo eléctrico, transistores, capacitores y su respectiva tarjeta madre.
Estrellas muertas. Estrellas que absorben. Estrellas que consumen. Estrellas que reaccionan. Estrellas que brillan hasta apagarse. Estrellas vivas que alumbran tanto como hoyos negros. Alumbradores de planetas. Calcinadores de asteroides. Muerte, luz y claroscuros del Universo.
sábado, enero 14, 2012
Tercer piso
Lo confieso. No vi el video completo. No me gusta ver videos muy largos. Y, sin embargo, lo poco que vi, hizo que brotaran las más diversas sensaciones.
Ese olor, ese particular olor de la Redacción. Sus tiktaktiktak repetitivos. Las espaldas encorvadas, tecleando. "Hola", saludan algunos; las espaldas se enderezan, voltean hacia arriba, contestan y regresan a su habitual concentración de redactar. Un "enter" y listo. Una nota más que llega a Talleres.
Él me contó muchas veces lo que fue antes de las computadoras. Lo que era el "hueso", lo que era teclear en Olivettis y Remingtons, lo que era un linotipista y los moldes de plomo que manufacturaban.
Durante un tiempo, la Redacción fue parte de mi vida. No recuerdo si fue parte de mis aspiraciones, pero estoy seguro de que es una las cosas que quiero; sin embargo, es de ésas cosas que prefiero apartar de mí.
Casi toda mi vida ha revoloteado alrededor del Periódico de la Vida Nacional. Y muchos eventos en ella fueron por culpa de aquel tercer piso. La Esquina de la Información albergó a mi familia, la acogió y le dio sustento. El búho vio cómo la Línea Privada se escribió en la calle, mientras en mi casa se gestaba una Revolución, de la cual sufrí su daño colateral.
Excélsior vio a mis padres caer. Excélsior vio a mis padres irse. Excélsior quiere verme. Pero yo no quiero.
Yo no quiero caer. Yo no quiero desvanecerme entre lo que fue y lo que ahora es el tercer piso. Yo no quiero formar parte de un mundo que amo, pero que aborrezco. Yo no quiero caer. Yo no quiero destruir. Yo no quiero morir.
Muerte a mí mismo.
O muerte al periodismo
domingo, enero 08, 2012
Crónicas - Caldo
Ora sí que me he sorprendido. Son más de la una de la mañana y quiero un caldo de pollo. Así, uno de esos labrados a la antigua, cocinado en una olla tan grande como los tambos de los tamales, en un local humilde y pequeño donde te exhiban los pollos destripados en una grasienta vitrina, al lado de las mesas. Me siento un poco embarazado *risas*
Sí, uno de esos ricos caldos donde solía llevarme mi padre. Sigo siendo melindroso para casi cualquier cosa que no sea un deshebrado. Sin embargo, tienen su toque. Ese olor tan particular y penetrante de un destilado de lípidos humeantes llega a la nariz y provoca hambre. Una cucharadita de chile molido, un poco de pan o unas tortillas, y ¡listo! A comer, se ha dicho.
Eso sí, nunca hay que abusar del irritante chile: en ocasiones, ponerle demasiado al caldo anula el sabor del mismo pollo, volviéndolo incomestible y una potencial bomba contra nuestro sensible estómago. Hay quienes, también, optan por omitir el picante y sólo vierten limón. Están en su derecho, puesto que un caldo solo, sin algo que modifique su sabor a pollo sin nada, no es más que un vil caldo.
Caliente, despidiendo vapores olorosos, con volumen y con un buen color. Quiero un caldo de pollo. Rico, caliente y recién hechecito. Como siempre debiera ser.
Sí, uno de esos ricos caldos donde solía llevarme mi padre. Sigo siendo melindroso para casi cualquier cosa que no sea un deshebrado. Sin embargo, tienen su toque. Ese olor tan particular y penetrante de un destilado de lípidos humeantes llega a la nariz y provoca hambre. Una cucharadita de chile molido, un poco de pan o unas tortillas, y ¡listo! A comer, se ha dicho.
Eso sí, nunca hay que abusar del irritante chile: en ocasiones, ponerle demasiado al caldo anula el sabor del mismo pollo, volviéndolo incomestible y una potencial bomba contra nuestro sensible estómago. Hay quienes, también, optan por omitir el picante y sólo vierten limón. Están en su derecho, puesto que un caldo solo, sin algo que modifique su sabor a pollo sin nada, no es más que un vil caldo.
Caliente, despidiendo vapores olorosos, con volumen y con un buen color. Quiero un caldo de pollo. Rico, caliente y recién hechecito. Como siempre debiera ser.
jueves, enero 05, 2012
Hemo
"I'm not here.
This isn't happening.
I'm not here."
How To Disappear Completely, Radiohead
Un corazón no se limita a vivir y bombear sangre.
No se limita a sólo ser un órgano que vive en nuestro seno.
No se limita a trabajar, a oxigenar y mantener.
No, no es así.
Es un ser despiadado. Chantajista y manipulador.
Contradice.
Hiere y destaza.
Prefiere corroerse antes que perder el orgullo.
Prefiere cortar un brazo cuando sólo hace falta curar un dedo.
Cruel, en segundos vuelve en demencia
un trozo de cariño.
Se jacta de tener sentimientos.
No tiene, siquiera, empatía.
Es un ser despiadado. Chantajista y manipulador.
Traiciona a quien lo porta,
acuchilla a quien lo use.
Le entrega arrepentimiento, tristeza
y soledad,
a cambio de satisfacer sus deseos.
Y no contento con eso,
continúa sus caprichos,
sus vicios y crímenes contra quien ose enfrentársele.
Es un ser despiadado. Chantajista y manipulador.
Un corazón no se limita a vivir y bombear sangre.
También es victimario.
Victimario de quien
lo toca
sin conocer con quién está tratando.
domingo, enero 01, 2012
Bitácora del día
Así que mi año terminó en medio de sermón religioso. No me agrada. No, no me agrada. El incienso, el choro. Me engenté y preferí salir, respirar, ponerme audífonos y perder mi tiempo desde la homilía. Llegando a casa de la tía después de la fundamental misa, aún más choro; ahora ritual pagano mezclado con creencia católica (calzones, maletas, rituales, mamadas y así).
Me moría de hambre. En Televisa pasaron su fundamental especial de todos los años. Vimos la cuenta y pos cuatro veces dong, dong, dong. Rano Pano de Mogwai me había puesto muy perdido. Lost in space. Divagué mucho antes de sentarme a comer, de brindar, de las uvas y de que, por culpa de una confusión, casi le estampo un beso al primo (juro que fue mala sincronización). Cosas bonitas, que entibiaron mi cabeza un muy buen rato, rondaron por ahí, errantes y sin rumbo. Y yo, igual.
Luego vino la cena. Sólo había desayunado y eso fue a las 11 de la mañana. El bolillo no resistió el ataque brutal que lancé, el cual diezmó a su ejército en un 35%. Pavo en no sé qué, pasta en no sé qué y romeritos. Ya no aguanté pa'l pastel, y eso que esa parte fue nuestra contribución.
Al final, vi a mi hermano quedarse dormido y me fui con él. Dormí media hora. Soñé algo; el intempestivo despertar media hora después me hizo olvidarlo. Sin embargo, estoy seguro que fue genial.
Son las 4:19 de la mañana. Me gustaría ver despertar el nuevo día del nuevo año. Probablemente no resista.
Bitácora's over. Cambio y fuera.
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