lunes, junio 25, 2012

The Hidden Chamber

Este es un bonito poema del honorable señor que es Neil Gaiman.


Do not fear the ghosts in this house; they
      are the least of your worries.
Personally I find the noises they make reassuring,
The creaks and footsteps in the night,
their little tricks of hiding thing, or moving them, I find
endearing, not upsettling. It makes the place
      feel so much more like home.
Inhabited.
Apart from ghosts nothing lives here for long. No cats,
no mice, no flies, no dreams, no bats. Two days ago
I saw a butterfly,
a monarch I believe, which danced from room to room
and perched on walls and waited near to me.
There are no flowers in this empty place,
and, scared the butterfly would starve,
      I forced a window wide,
cupped my two hands around her fluttering self,
feeling her wings kiss my palms so gentle,
and put her out, and watched her fly away.

I've little patience with the seasons here, but
your arrival eased this winter's chill.
Please, wander round. Explore it all you wish.
I've broken with tradition on some points. If there is
one locked room here, you'll never know. You'll not find
in the cellar's fireplace old bones or
      hair. You'll find no blood.
Regard:
just tools, a washing machine, a dryer, a
      water heater, and a chain of keys.
Nothing that can alarm you. Nothing dark.

I may be grim, perhaps, but only just as grim
as any man who suffered such affairs. Misfortune,
carelessness or pain, what matters is the loss. You'll see
the heartbreak linger in my eyes, and dream
of making me forger what came before you walked
into the hallway of this house. Bringing a little summer
in your glance, and with your smile.

While you are here, of course, you will hear
      the ghosts, always a room away,
and you may wake beside me in the night,
knowing that there's a space without a door
knowing that there's a place that's locked
      but isn't there. Hearing
them scuffle, echo, thump and pound.

If you are wise you'll run into the night,
      fluttering away into the cold
wearing perhaps the laciest of shifts.
      The lane's hard flints
will cut your feet all bloody as you run,
ao, if I wished, I could just follow you,
tasting the blood and oceans of your
      tears. I'll wait instead,
here in my private place, and soon I'll put
a candle
in the window, love, to light your way back home.
The world flutters like insects. I think this
      is how I shall remember you,
my head between the white swell of your breasts,
listening to the chambers of your heart.

domingo, junio 24, 2012

Memorias frágiles

Solía suponer que mi mundo giraba en torno tuyo.
Solía suponer que mis sueños tenían de combustible los tuyos.
Solía suponer que mis ansias se debían a tus ausencias.
Solía suponer muchas cosas.

Solía suponer que lo tenía bajo control.
Solía suponer que yo era tu protector.
Solía suponer que no había luces que se consumían.
Solía suponer demasiadas cosas.

Solía suponer que los libros tenían sentido.
Solía suponer que las canciones tenían mensajes secretos.
Solía suponer que el Universo era inconmensurable.
Solía suponer, quizás, muy pocas cosas.

Solía suponer que yo...
Solía suponer que tú...
Solía suponer que nosotros...
Solía suponer nada.

Y es que,
y es que yo creía muchas cosas.
Mis ojos están abiertos. La sangre los ha abierto.
Solía suponer que tú y yo.

Solía suponer muchas cosas.
Ahora sé, ya no supongo.
Suponer no sirve de nada.

viernes, junio 08, 2012

La imperfección.

"Y, aunque sé que no era la más guapa del mundo,  juro que era más guapa que cualquiera."
Fito Páez, Joaquín Sabina y Andrés Calamaro, Más Guapa que Cualquiera

Algo leí en un libro de Kundera donde un doctor ya entrado en años aleccionaba a un joven reportero sobre la belleza de las mujeres. Si mal no recuerdo, le decía que mientras más se acercara una mujer a la perfección, menos bella sería ante el ojo, porque la impureza le daba a cada mujer un matiz especial, único, que la hacía atrayente y hermosa a quien la viera.
Pues, ¿sabes? 
Eres única.
Única como sólo tú.
Y es ese matiz tan bello, tan tuyo, lo que me tiene aquí cacheteando las banquetas.
Por ti.

miércoles, mayo 30, 2012

La sala de operaciones

Basado en un sueño, excesivamente real. Agradezco a Dyana su sugerencia de hacer este sueño más material..

Cuando desperté, estaba amarrado; amarrado a una mesa de operaciones. No estaba amordazado. Mis muñecas y mis tobillos ardían de lo bien sujetado que estaba. Forcejeé y, como es natural, no me moví un carajo. Vi el cuarto: las paredes estaban llenas de pequeñas figuras negras, que no alcancé a distinguir bien; creo que eran cráneos negros, duros, como de obsidiana. 
No sé cuánto llevo aquí. El escozor en mis brazos y piernas me dice que ya llevo varias horas inmóvil. Estoy cansado, tengo ganas de dormir. No tengo miedo. No sé dónde estoy, pero no me importa. Y es aquí cuando la puerta se abre.
Una gran puerta negra se abre ante mis ojos y sale una muchacha de mi misma edad. Su cabello, largo y lacio, muta su color de rojo a azul, de azul a violeta, de violeta a rojo en unos cuantos segundos. Su mirada, de ojos negros y expresión malévola, me miran, como quien no siente piedad por las criaturas que lleva al matadero. Me observa detenidamente, contempla cada milímetro con voracidad. Le tengo miedo. Pero vine aquí por mi propia voluntad.
Se acerca a mí, me respira. Palpa mi cuerpo con los dedos, cruza en un susurro mi vientre. Cuando termina, va a una esquina de la habitación que no puedo ver. Escucho que arrastra consigo algo, como de esas mesitas con ruedas. Se acerca y contemplo un poco espantado, pero ansioso, aquello que ella mira con tanto cariño: una bandeja móvil, llena de extraños objetos. Objetos de tortura.
Toma un pequeño piolet, más parecido a una regla T, y comprueba su filo. Al ver que, tras perforarse un poco un dedo, le escurre sangre, voltea a verme a los ojos. Unos bellos ojos negros que inundan mi alma con un placer desconocido. Dios, la deseo. La deseo con el corazón. Deseo que me lastime, deseo que me haga sufrir. Deseo estar aquí, con ella, aunque eso signifique morir en este instante.
Dios, ¿qué está haciendo? El piolet se hunde en una encía y siento que duele. Nunca supe cuando abrió mi boca, pero ahora está manando sangre. Oy, dulce placer. Ahora está perforando otra parte de mi boca. Veo cómo sus hermosos ojos me dicen que no sobreviviré. No me importa. Ya no me importa nada. Por favor, chica de los ojos hermosos, hínchame los ojos del dolor insoportable que me causarás. Hazme feliz con mi sufrimiento.
Ya dejó de jugar con mi boca. No siento la sangre. Tampoco me duele. Sólo siento una dicha enorme. Una dicha enorme de yo ser su víctima y ella, mi victimario. Me ve otra vez; sus ojos ahora son dulces, color caramelo fundido. Me mira con ternura, como un niño a su perro querido. Tengo ganas de decirle cursilerías, de repasar su cuerpo desnudo con la yema de mis dedos. Tengo ganas de poseerla, tengo ganas de liberarme y sentir su aliento junto a mi pecho. Tengo ganas de...
Un momento, creo que acaba de tomar otro objeto. Es un cetro, coronado en un cráneo lleno de agujeros, cuyos bordes terminan en filosas navajas. En el centro del cráneo, brilla una luz verde misteriosa, como si fuera el alma del cetro. Con cuidado, sin perder la vista de mí, arrastra con cuidado el cráneo por mi rostro. Siento cómo destroza mi piel con cada pasada. Siento cómo se pela la epidermis, siento cómo mis células muertas. Siento la sangre correr, aunque no vea ni un sólo chisguete escarlata. 
Siento que mis sueños se cumplen, siento que es amor. Siento que amo cómo me tortura, siento que su mirada cálida me promete un futuro mejor, fuera de este absurdo cuerpo mortal. Siento, siento, siento...
Desperté otra vez, y ahora ya no estoy en aquella tétrica sala. Estoy al lado de mi mochila, en la escuela. Mi rostro está deshecho. Me acaba de ver una mujer que hace tiempo conocí, pero que ahora ya no reconozco. Ella dice que se vengará de lo que me hicieron, que encontrará a la culpable.
Cierro los ojos, ya no escucho su voz. Por dentro soy feliz. 
Adiós.

jueves, mayo 24, 2012

Teorizar

Ayer en la noche, tenía yo la cabeza hecha un desastre. No aparentaba lo que mi cerebro pensaba (creo), pero de igual forma no me aguanté. Es muy fácil no aguantarme.
Ayer en la noche, estaba jugando League of Legends, mientras pensaba en ella, pensaba en mí, pensaba en que la extrañaba. Sin embargo, había algo en ese rodar de ideas que no me dejaba tranquilo. Entre muerte y muerte en ese juego, tenía ganas de escribir. Ganas de escribirle. Desafortunadamente, no sabía qué. Me dolía no saber. Me dolía más saber que no podía, que no sabía, porque me sentía herido, desamparado y solo, como siempre suelo sentirme (estúpidamente).
Es aquí cuando tengo que ser cruel conmigo mismo y preguntarme si lo que yo hago vale la pena. Si otra vez no estoy lastimando gente a mi costa. No lo sé. Lo he hecho, sé de lo que soy capaz y que, muchas veces, lo he hecho sin fijarme, sin intención, pero termino pegando muy duro.
Es quizá por eso, respondiendo a mis preguntas, que no pude escribirte nada. Una obsesión que afloró en miedos arraigados desde hace mucho.
Y, cuando por fin pude escribirte, tenía tanto miedo que sentía que lo que te escribiera no era sincero. Lo borré todo y apagué mi computadora.

domingo, mayo 13, 2012

Aquí va un título.

Hubo un tiempo en que pensé que escribía sólo por el mero capricho de escribir. Quesque porque escribir es un arte, una forma de expresión, una extensión de mí, etcétera. No, no creo. Bueno, ya no creo. He perdido mucho la fe. Incluso, tú eres la consecuencia perfecta de todo este desmadre que desaté en mi cabeza. Lo cual no es malo, debo aclarar. Pero no quiero te afecte. Y es por eso que no me debe afectar a mí.
Sinceramente, pienso mucho. Pienso tanto que ya no pienso. Más bien, simulo pensar, pero no estoy pensando en nada. Es por eso que escribir no es algo que denuncia, que dice; no, sólo es una forma de justificarme, de decirme lo estúpido que es el mundo, lo bien que siempre estoy yo, lo erróneo de las cosas, etc.
Sin embargo, a punta de madrazos tuve a bien (aunque me punza la cabeza, aunque no me extraña) darme cuenta que el estúpido era yo. Mi corazón duele: sabe que tengo razón, así que no pondrá objeciones al respecto. Tanta falta de cariño, de autocensura y mi propia estupidez vinieron a resquebrajarme. En cambio, hoy, no quiero llorar, no quiero lamentarme, ni tampoco esconderme. Sólo vine a confesarme, vine a decirles lo que soy. Y también algo que no niego, que acepto, pero que ya no seré.
Porque es algo que no quiero.
Es algo que me lastima y quema.
Algo que arde, que lacera.
Y no sólo a mí, sino a las muchas personas que he, muchas veces, mal querido.
Lo siento. Sé que esta entrada no curará un carajo. Tengo que escribirlo, de todos modos.
Muchas veces me he propuesto cambiar y nunca lo logro.
Esta es mi excepción. 
Despertaré, y mis ojos no querrán cerrarse otra vez.

sábado, mayo 12, 2012

Pusilánime

Tenía ganas de escribirte novelas enteras y sólo me inspiré y te escribí un par de líneas patéticas. Triste, ¿no? Querer expresarse y decir lo que siento, exprimirme la médula para decirte todo.
No pude, claro está. Mi cerebro está bloqueado y, por eso, se lacera. Escucho a Joaquín Sabina, sintiendo que sus canciones chance y me dan un aire. No, inútil.
El techo está bonito, no sé qué escribirte y ya me siento muy mediocre. Te extraño un tanto. Y no sé qué escribirte, y no escribirte me duele porque siento lo mereces, pero no te puedo dar nada más que una absurda crónica, ahora sin dedo quemado.
Te necesito aquí conmigo.

viernes, mayo 11, 2012

Ácida conclusión

Desafortunadamente, estamos destinados a morir. Y el no morir es el motor que nos lleva a grandes lugares que pudimos, alguna vez, imaginar.
Queremos ser inmortales, jamás sentir que perdemos algo. Sobre todo, la vida.
La muerte mueve al mundo.

viernes, abril 27, 2012

Olor a libro

Hace mucho no tenía esa sensación en los dedos. Esa de que dejas algo incompleto, aunque la historia ya haya terminado.
Es triste terminar un libro. Un libro es una cosa traicionera; te envuelve, te atrapa, te seduce, para que al final, se suicide y te deje con ese pésimo sabor de boca que te dice que pudo haber más pero que ya no hay por designio divino.
Volteas la última página y ¡puf! Desaparece todo ese mundo que tanto trabajo tomó construir. Es emocionante llegar a esa hoja final. Sin embargo, te desgarra un poco el corazón que ya no hay más historia a partir de ese punto. Tienes que tirar todos esos lugares, todas esas personas, todas esas situaciones que hicieron entrañable el viaje como espectador.
No sé. Siento que cuando cierro un libro, el regreso a la realidad es muy abrupto. Ese mundo de fantasía que apareció en centenares de páginas se esfuma con un sólo signo de puntuación, con un maldito punto. Me siento vacío por un momento, mientras asimilo que regresé a mi propia realidad.
Es un salto muy grande, ése de volver a donde pertenezco. Creo que volveré a leer.

martes, abril 24, 2012

Entrada estúpida de un diario estúpido

Antes de calentar mi comida y, contra mi costumbre, prendí la estufa con unos cerillos. Me di cuenta que ejercí mucha presión sobre la cabeza de la cerilla. Con eso, mi dedo se quemó un poco. Arde, todavía. Pero me hizo sentir un poco más perdido de lo que ya estoy.
Ayer pasaron cosas, muchas cosas. Fue un día extraño e interesante. Genial, en muchos aspectos. Este dedo sólo me recordó que estoy solo. Hoy, por culpa mía, me quedé atrapado. Y en parte por mi culpa, ella también.
Ahora, desde ayer en la tarde, no sé nada de ti. Vi la yema del dedo quemada y tuve muchas ganas de contártelo, aunque fuera una estupidez. Te he marcado a tu celular y lo tienes apagado; todavía hace rato, cuando mi dedo, seguía mandándome al buzón. No te conectarás en los próximos días. Me he (y creo que tú también) quedado solo.
Siento el dedo quemado. Duele, como es natural. Tengo tantas ganas de verte y de compartirte mi yema chamuscada, y encontrarte y no dejarte ir. Sin embargo, por ahora eso no será. Lo sé. Duele más que el propio dedo.
Y ahora escribo esta absurda crónica para que tal vez esto llegue a tus ojos y sientas al leerlo que, aun cuando estábamos jodidos por las circunstancias, me tenías platicándote, compartiéndote mi mundo y lo estúpido que era mi día a día.
Me iré a comer, y luego a poner algo de vitacilina en el pinche dedo.

Hubiera estado mejor que hubieras curado tú mi quemadura.