jueves, septiembre 09, 2010

Líneas - Vuelo 723 a algún lugar desconocido

Aquí debería ir algo, pero mi mente voló.
Aquí debería ir algo. Pero no hay nada.
Mi mente rompió la jaula y se escapó.
Ahora tengo medio cráneo vacío.
Sólo se quedó la conciencia.
Voló para olvidar.
Olvidar lo que duele.
Y dejó el cuerpo aquí, para no recordar.
Voló y no le importó.
En la Tierra quedó un cascarón vacío.
Vacío.

miércoles, septiembre 01, 2010

Líneas - No sé ni por qué estoy pensando

Me han dicho que pensar te hace dudar.
Y dudar no es bueno.
Ellos dicen eso. A veces, les creo.
A veces, no.
Creer que pensar por ti mismo es mejor.
Pero te hace dudar.
No por nada las voces lo decían. Eran demasiadas como para ignorarse.
Procesarlo todo y dudar. Tirar tu propia casa de cartas.
Derrumbar.
No funciona pensar si sabes que vas a dudar.
Ignorance is bliss.
Saber y no saber.
Creo yo es mejor pensar sin conocer la duda.
Desafortunadamente, pensar y cuestionar son hermanas.
Inseparables.
Ahora mismo les estoy creyendo sus cuentos.
Y por dentro sé son falacias.
Pero dudé.
Y ahora creo que lo que dicen es verdad.
Es verdad.
Mañana no lo será. Creo.
Dudé.
Y ya no puedo dejar de pensar.
Aprendí demasiado bien a pensar.
Aprendí demasiado bien a dudar.
A eso, ya no tengo un remedio.

lunes, agosto 02, 2010

Parte uno de alguna historia que la flojera pudo provocar.

Son las tres de la tarde y el reloj insiste en marcarme que es esa hora. Suena un 'bip' gracias al mugre reloj. Aún no me quiero mover de mi santuario personal, que todos conocen como "mi cama". Lo bueno es que no hay nadie que me corra de mi pequeña fortaleza. Ah, bueno. Pues a seguirla echando, se ha dicho.

Ay, no. Hoy es lunes. Se supone tengo que hacer algo. Y ese algo, no me pregunten por qué, no recuerdo que es. No me voy a mover de aquí. Screw it. En fin. Ese evento se perderá de mi presencia, oh, cuánto lo siento.

Mmmm, ahora que lo pienso, ese algo era...no, no era, ¿o sí? No, no... Espera, espera. Creo tenía que ver con...No, tampoco. Ah, ya me frustré. Ya ni sé. Según está escrito en la computadora. Y no me quiero mover, gracias. Igual y es algo urgente. ¡¡¡Quizá hasta se nos peló alguien de la familia!!! PTM. Sí, tengo que ver. Sin embargo, tengo computadora de escritorio. Y no han querido darme mi lap de vuelta. Y aunque esté a sólo tres pasos de mi guarida ultrasecreta (sí, claro, cómo no) esa cosa llamada monitor, anclada al CPU, nomás no quiero, ya dije. No repetiré.

He de decir que tengo que fraguar una muy buena idea para que ese armatoste llegue mágicamente a mi cama, pero sin tocar el suelo. Es como esos juegos de niños: "No puedes tocar el suelo porque es lava y te quema y pierdes y ya no puedes jugar y te quedas como el 'mostro de fuego' que nos quiere comer y si te toca el 'mostro' pierdes y si bla, bla, bla, etecé, etecé ad infínitum".

Ahora hay que ver cómo no me convierto en el 'mostro'.

lunes, julio 05, 2010

Poesías de a dos

"¿Qué has hecho conmigo?
Me has dado una sonrisa,
Una mirada tierna.
Me has amado y yo he correspondido.


¿Qué has hecho para que yo te ame
tan profundamente
Y quiera ser tuyo por siempre?
Dime qué me has hecho.


Eres tan hermosa,
Tan dulce,
Tan tú
Que no he podido soportar,
Y he decidido amarte.


Encontrarte en mis brazos,
Yo en los tuyos.
Dime por favor
¿Por qué soy tan dichoso?"








"De tu boca he bebido,
La he usado como cáliz.
De tu cuello viví
Y de tus ojos amé.


Fijaos en su cuello, en la base de su cara.
Fijaos en su pecho, en su cuerpo.
Todo tú.
Es tan perfecto.


No son solo besos,
Son caricias de labio a labio.
Caricias de la piel, de amor."

Por:
Mix y Yo

viernes, junio 25, 2010

Diálogos de mésenller. Día 2


Día 2
Jueves
Él se acaba de conectar.

Ella: Hola!!
Él: Hola!! Cómo estás, preciosa?
Ella: Bien, bien. Y tú?
Él: También bien.
Ella: Fue muy bonito verte hoy.

(Yendo en retrospectiva, ellos sí se vieron hoy. Aunque fueron escasos cinco minutos. Donde hablaron de nada. Ejem, prosigamos)

Él: Sí, lo sé. Hoy te veías muy bien.
Ella: Gracias :D
Él: xD

(Una vez más, no hay más qué decirse entre ellos dos. Germinan las preocupaciones...de un único bando)

Ella piensa:
Por qué no escribes nada más? Es que ya no me querrás? No, no puedo pensar eso. ESO NO PUEDE SER CIERTO!! Yo sé que tú me quieres, me quieres en serio. Yo lo sé.

(Mientras, del otro lado, él piensa en cualquier otra cosa. Menos en ella. Hasta que recorre la infinidad de conversaciones que ha abierto y encuentra la que mantuvo con ella hace casi una hora)

Él: Y cómo has estado??

(En el otro monitor deslumbran estas palabras, agua en medio del desierto para ella. Aunque la pregunta pudo haber sido otra...)

Ella: Pues, bien.

(Cinco minutos...)

Ella: Odio al profe de mate.
Él: Sí, es un fastidioso.
Ella: No puedo creer que me haya reprobado!!!
Él: Qué? Maldito... A mí también.
Ella: Qué mal.

(El fundamental tema termina. Una vez más, el silencio reina y la duda se siembra. Aunque ahora no hay mucho tiempo para preguntarse.)

Él: Ya me tengo que ir.
Ella: De verdad? No, no te vayas.
Él: Yo tampoco quiero irme. Pero tengo que hacerlo, querida mía. Hay cosas que requieren mi atención. Adiós. Nos vemos mañana, ok?
Ella: Sí, está bien. Bye.
Él: Te quiero.

Él aparece como Desconectado.

Ella: Yo también.

(A su última frase, ella no presionó ENTER. Se quedó entre líneas porque ya no hubo receptor. Ahora, con un nudo en la garganta, tiene que tragarse las palabras que no alcanzó a publicar. Usa BACKSPACE, cierra la conversación y se va llorar una que otra lágrima sorda)

Ella aparece como Desconectada.

Diálogos de mésenller. Día 1




(Inspirado en hechos reales, una nota [Amo a mi pantalla] y una clase)

Día 1
Miércoles
Él se acaba de conectar.

Ella: Hola!!!
Él: Hola
Ella: Hoy te vi!!!
Él:
En serio?!?! Dónde?
Ella: En el patio, hoy en el recreo.
Él: Uy, pues yo no a ti.
Ella: No? :(
Él: :(
Te extrañé muchísimo...
Ella: Yo también...
(Pasan 15 minutos de 'silencio'[sin el "tururí"])
Él: Mañana hay que vernos, va?
Ella: Sí, sí. Va!
Él: Dónde quieres, preciosa?
Ella: Jeje. En -Inserte lugar aquí-. Ok?
Él: Sí.
(Pasa ahora una media hora)
Ella: Y qué me 123?
Él: Nada. Y tú?
Ella: Tampoco.
(Diez minutos después)
Él: Ya me voy. Te quiero mucho.
Ella: Ciao, te cuidas, te quiero muchísimo.
Él: Yo también. Nos vemos mañana.
Ella: Bye.

Él aparece como Desconectado.

Ella piensa:
Creo que yo no lo quiero. Él es un tipo genial y muy buena onda. Yo lo sé. No, yo no lo quiero.
Yo lo amo.
Él piensa:
Creo que ya tengo novia.

viernes, junio 04, 2010

Corrosión

Conforme pasa el tiempo, el ácido y el tiempo siguen su difícil camino para pasar al otro lado de un metal. Continúan, actuando en conjunto para acelerar esa perforación que realizan con esmero. Y cuando traspasan el duro material metálico, se detienen y deciden volver a atacarlo por otro flanco hasta que del objeto no queda más que una masa amorfa y triste.

Cada cosa me corroe. El tiempo sigue siendo tiempo, mas el ácido siempre cambia de composición. No importa; igualmente quema, destruye, lacera. Sí, lentamente se van cayendo algunas paredes dentro de mis pensamientos cuando los dos tienen suficiente espacio para coexistir.

¿Qué corroen? No lo sé, muchas cosas. Les gusta a los dos destruir parejo, sin distinción alguna. Siempre se acomodan para destruir los cimientos de cualquiera de mis estructuras. Siempre quieren colapsar mi sistema interno con cada golpe que sus corroídas acciones me propinan. Siempre. Y no entiendo por qué.

Es una pareja implacable de destrucción masiva.

Aunque es cierto. A veces, deseo completamente corroan parte de mis entrañas. Que destruyan parte de mí, que la aniquilen con sus poderosas armas. Sí, quiero que la deshagan, porque a mí no me gusta convivir con esa parte de mí, más destructiva aún que el dúo corrosivo. Sin embargo, que yo sepa, jamás me han hecho verdadero caso. Prefieren corroer lo que yo no quiero sea corroído. Y me obligan a empezar de nuevo. Detestable...

Es algo inevitable. No se puede evadir el hecho de que el tiempo y aquellos ácidos me corroan lentamente. Siempre trabajan arduos, empeñados en su lenta y costosa labor. Y cuando ellos por fin me dejen en paz, yo sabré que aquel día tendré que irme. Porque ya no hay más que puedan corroer. Ya no hay más que construir; no hay nada más que destruir.

lunes, mayo 24, 2010

El pintor (versión dos)

Hoy desperté. Y ahí estaba ya, bien plantado, armado con un bote de pintura gris del tamaño de un tinaco, y una brocha igualmente enorme. Sí, ya había llegado mi pintor.

No hubo tiempo siquiera para que pusiera los pies sobre el frío suelo de loza; mi pintor ya había teñido rápidamente mi cuarto, de un gris platinado, brillante, pero gris por igual. Gris como yo. Me levanté y me dirigí al baño, como todos los días. El lavabo, gris; mi cepillo de dientes, gris; el azulejo, gris; todo gris. Ya qué. Tuve que continuar.

Veinte minutos después, ya estaba vestido en un pantalón que juraba yo era azul y una camisa que según me la vendieron roja. Pero ahora eran color gris. Lo único que diferenciaba a todas las cosas era la poca sombra que el gris sol me prodigaba. Enfundado en una chamarra gris, salí de mi gris recámara, de mi gris casa y salí a la gris calle.

Una vez más, vi a mi pintor, parado, esperándome. No sé a qué, pero esperándome. Sí, ahí estaba, aunque ahora no tenía nada en las manos; su bote y su brocha quién sabe dónde las habrá dejado. Lo ignoré un momento, mis sentidos no lo percibían, pero mi memoria sabía que estaba detrás de mí, perturbándome con su obsesión por esperarme. Intenté olvidarlo un momento y seguí mi camino: tenía que reunirme con unos amigos por un cumpleaños. Su cumpleaños, el de aquella señorita...

Llegué, un poco tarde, pero llegué. Fui recibido entre grises brazos, grises saludos y un pequeño beso gris afectuoso. De ella. En esa pequeña casa, vi a mi pintor, que había podido colarse por la perilla de la puerta. En su mano, pintura, esta vez no gris, ni grisácea ni nada. Me dio lo mismo. Ahora sin esfuerzo, lo olvidé.

Hace mucho que no los veía. Era buena onda recordar todo aquello que alguna vez, juntos, nos pasó. Y de paso, poder almacenar esta pequeña reunión. Y poder decir que ella, mi amada, sí existía, que jamás mi mente la inventó, que era un ser tangible que yo quería y quiero mucho. Que cada una de sus sonrisas me prodigaba un poco de alivio para mis angustias. Sí, era todo tan bueno. Y vi otra vez a mi pintor.

Con una brocha más pequeña pero muy grande, mi pintor comenzó a avivar el gris de la habitación. El bote con color que yo desconocía cambiaba de tono súbitamente, pasando de un tenue amarillo a un vivaz verde, de un azul eléctrico a naranja brillante. Y cuando a ella veía, la pintura se volvía rojo, tenue y potente al mismo tiempo.

Ahora, por más que lo intentara, no pude dejar de hacerle caso a mi pintor. En su ir y venir, pintaba las ventanas, los cuadros, los muebles, a mis amigos, a ella. A mí. Era fantástico verlo mientras relatábamos nuestras desventuras y anécdotas. Todo era tan bello.

Y cuando llegó la hora de irse, mi pintor había terminado. Su obra maestra estaba ahí, ante mis ojos. Una mar de colores se extendía ante mis otrora deslucidos ojos. Coronando toda mi existencia, ahí estaban cada uno de los siete colores, combinados en armonía. Ahí estaban todos los colores que mi mente, al fin, había liberado.

miércoles, mayo 19, 2010

El estacionamiento más grande del mundo


Bienvenidos sean ustedes al estacionamiento más grande del mundo. Aquí le venimos ofreciendo excelente calidad en el servicio con adecuados cajones para su vehículo. Usted podrá dejar su patrimonio seguro debido a lo complicado que es colarse para alcanzarlo.

Aquí estará usted ubicado en excelente lugar. Aquí siempre hay disponibilidad de espacio para todo tipo de clientes: camionetotas "güinstar", pick-ups, SUVs, camiones, autos compactos, autos enormes, transporte de carga, entre otras. Aquí hay mucha competencia por los lugares; sabemos nuestro negocio va en auge así que hace ya cinco años que le instalamos su segundo piso. Aún así, no nos damos abasto
con la demanda. Pero intentamos satisfacer sus necesidades, ya que usted es cliente y, por tanto, el engranaje primordial en nuestra maquinaria.

¿Sabe usted que estamos intentando tramitar permisos para instalar sanitarios? Ya sabe, debido a la magnitud de nuestro espacio, es difícil salir. Así que, ¿por qué no darle un servicio completo? Y también, por qué no, un paquete gratuito de aspirinas, para cualquier mal que su oficina le haga padecer y/o nuestro prestigioso y reconocido estacionamiento. Un masaje tampoco estaría mal, ¿o sí?

¿Verdad que no? Pero ya ve, la realidad es otra. No es nuestro problema. Y si es el suyo, sinceramente nos importa un comino. Peléese con el otro idiota que se le cruzó, con el que chocó y obstruye su paso. Sí, riña con aquella señora que tuvo a bien ver su espejo para verse el excesivo maquillaje. Pítele al auto rojo que no se mueve porque es obvio que es su culpa que nuestra empresa siga honrando su título. Sígale, jamás llegará a ningún lado. No le haga. Usted y su calaña nos tienen hartos. Por eso, hemos querido hacer de su día una causa perdida. Ni con seis pisos usted iría más rápido. No se engañe, de aquí no sale temprano NADIE.

Le reiteramos. Bienvenido sea usted al estacionamiento más grande, más enojado y más estúpido del mundo. Sí, usted nos conoce, usted nos necesita. Siga siendo parte de nuestra clientela favorita. Siga viniendo, nosotros le esperamos todos los días. Venga al Periférico, el estacionamiento más grande que jamás haya visto en su vida.

domingo, mayo 16, 2010

Sin luz


Se fue. Sí, se fue, dejándome completamente a oscuras. Yo exclamo, yo insulto, yo profano. Otra vez, no hay cómo iluminarme en medio de la noche.

Me retiro a mi cuarto a tomar una pequeña vela. Mis ojos aún no se acostumbran, pero mis propios hábitos buscan desesperadamente un cerillo para iluminar tenuemente las sombrías y blancas paredes de mi recámara. Abro cajones, closets, cajas. Nada. No hay nada. Sólo una vela sin prender, sin combustible.

Me resigno. No hay vela, no hay luz, tampoco hay luna; hoy optó por esconderse frente al sol. Llego a mi cama, me siento en ella. Estuve a punto de pegarme contra el marco de ella; es difícil maniobrar cuando el ojo no está acostumbrado a la homogénea oscuridad. Sentado y con la adrenalina fluyendo a ligeras dosis, no puedo evitar pensar en todo lo que ha acontecido en estos últimos días. Ha sido difícil. Pero no todo ha sido non grato. Supongo me ha ido peor.

Mis reflexiones me obligan a adoptar una posición más cómoda. Es tiempo de acostarse. Miro melancólico al techo. Éste responde y no tarda en desdoblarse en pasadas imágenes que mi memoria puede almacenar para después reproducir. Son esos nítidos recuerdos, son esos hechos ya ocurridos. Sí, ahí están. Quizá torturándome, quizá calmándome. Si no se hubiera ido la luz, jamás hubiera rememorado, jamás hubiera pensado y no hubiese dejado que todo ese mar de emociones fluyera, que corriese como río acaudalado, mar embravecida.

Todo ronda en mi cabeza. Las palabras, los acontecimientos, los lugares. Ella. No, ¿¡ella por qué!? Yo no quería que aparecieses. Pero no, te resististe a mi opresión en el baúl de las memorias. Saliste, como siempre lo haces. Sí, yo por eso no quería pensar. No quería para que te perdieses eternamente en la neblina de mis pensamientos. Ya qué. aquí estás, proyectada en el cielo raso de mi habitación.

Mi imaginación juega con tu imagen. Saltas alegremente, tomada de mi mano y me llevas emocionada a un lugar que yo desconozco. Tú estás muy emocionada, no entiendo el motivo. Te sigo a donde tú me llevas, como una ovejita perdida que es lidereada por su pastor caritativo. Me intriga saber mi próximo destino, estás demasiado alegre, tiene que ser demasiado bueno. Sí, sí lo es. A tu lado, cualquier cosa...

Al final, nos detenemos y tu fino dedo señala un pedazo. No hay nada. Te volteo a ver. Me indicas insistentemente que vea a ese punto. Regreso la mirada. Nada. Una vez más, te miro. Pero ya no estás ahí. Regrso al punto donde señalaste. Y la tierra se resquebraja, se parte, se abre. Y yo caigo, irremediablemente hasta el vacío.

Mis ojos se abren. La luz retumba en mis retinas y las hace más chiquitas. Estaba soñando. No había pasado nada. Bueno. Sí pasó algo. Tu recuerdo me tiró al precipicio. Como lo hace cada vez que mi memoria rescata el hecho de que no serás mía jamás...