martes, abril 30, 2013

Segunda persona.

De repente, recuerdo bien,
que me hablaste.
Y no supe qué hacer.
Pero no me habló tu tú
tan tuyo.
Sino otra tú. De esas veces que 
eres tú, pero no tan tú.
Quedé pasmado. 
Una tú que no te conocía.
Tan tuya, tan tú.
Tan te quise...

Es que ser tú debe ser muy tú
que es muy complejo.
Y amé que tu tú, con todo lo tuyo
me quisiera.

jueves, abril 25, 2013

Spiders, or lack thereof.

I wish , sincerely, you never find a spider again. Yet, I think you will, anyways.

Eight legs,
two segments.
One body, silky, silky
all the way, living underneath
your door, your house,
perhaps your dreams.

Pest control, this monster is
about to eat me, drive it away.
It will eat me, maybe, and then
make my flesh go silky, silky,
and maybe no one will ever remember who I was.

With its powerful mouth,
it will pinch, and eat, and bite.
Don't let it near me,
I would most probably die.
Please, help, help.
I don't want to be afraid anymore.

Two legs,
pink skin.
One body, armed and ready.
Oh, silky, silky your life was,
but now it is no more.
Sorry, lad, you were something beautiful
in Nature. I liked you
But I love her so.
I don't want her to be afraid,
you know?

Life is so curious, sometimes.
Spider, I am sorry.
Now, she is happy once more.
I hope you understand
your sacrifice was never in vain.

You should see her smile.

viernes, abril 19, 2013

Of all trades, Heart.

I wondered if
thine heart was made of beautiful
crystals, perchance
diamonds. Or was it just 
an illusion of a
delusional heart? I can't 
be certainly certain.
Why would I be,
in the first place. I dozed off
in thine heart, feeling the coldness
and complexity of beauty. 

Your heart, there, I felt at home.
But, I am not,
even though I try to be, but not.
Why? I still don't get
the reason we left.
My heart is not here, nor is 
in yours.
It fled, to a distant land,
of quiet tremors and solitude and forgiving.

Thine heart is what is left of myself.
I let my heart vanish,
furnished my ribs with a plastic 
blood pump. Fueled with
a spark of yours.
My heart is no longer here.
Nor is it yours, nor is it mine.
It's solely
thine heart.

Traición.

Recibí, sentí el vaivén de mil moléculas de silicatos pulidos cruzando cada hebra de mis músculos, rompiendo y quebrando las células de mis costillas. Mire hacia abajo, horrorizado; no habían pasado los dos segundos que tarda el cerebro en procesar el dolor. Volteé.
Y lo vi.
Sonreía con malicia. Estaba ahí, en ese trozo esmerilado y liso, puntiagudo en uno de sus extremos.
Cerré los ojos.
Y sucumbí.

martes, abril 02, 2013

Prólogo al sueño.

Una mañana, despertó.
Vio al techo, miró al espejo; no logró resistir.
¿Por qué hoy también?
Su cabeza retumbaba.
Vio al espejo.
No lo soportó.
Con su zapato, rompió el espejo.
Yo no sabría decirles por qué lo hizo.
Lo hizo, simplemente, porque algo tenían sus ojos.
Quiero pensar, claro.
Bueno. El suelo se llenó de pequeños reflejos.
No sólo fue un reflejo de sí. Ahora fueron cientos, deformes, diminutos, torcidos. De todo tipo.
Miró al suelo con horror. Hizo un par de llamadas. 
Llegaron, más tarde.
Los espejitos fueron recogidos. Temblaba de angustia. Seguía imaginando cada trocito.
Una mano recorrió su rostro. Una voz le aconsejó calma.
Sonrió. La puerta se cerró.
Una vez más, soledad.
El espejo tenía un marco metálico. 
Quedaba éste desnudo, luciendo un hueco cóncavo en su interior.
Suspiró. No más espejos, se dijo.
El metal tenía una particularidad. Había sido pulcramente pulido.
Sufrió. 
No llamaría de nuevo. No volverían a salvarle.
Cerrando los ojos, el marco sufrió la gravedad a dos pisos de altura.
Sin embargo, el daño había sido hecho.
Una pequeña ventana.
Un vaso de vidrio. Un reloj en su muñeca.
Los pomos de la puerta. Cuchillos.
Luz que rebota en el mismo ángulo en que incide, del otro lado del plano.
Simetría descrita con una redirección. Perfecta simetría.
Todo estalla. Los ojos se hacen más pequeños.
Pero ahora son más. Muchos. Lo observan.
Necesitan de él, necesitan alimentarse de él. 
Lo ven, beben de su río. Se nutren de su corriente.
El caudal se hace más débil. Los ojos observan. 
Se sienten cansados. Se han saciado. 
Es hora de la siesta. Siempre da sueño después de comer...
Es
tiempo
de
dorm...



"(Un tenue silencio; abre la boca, se arrepiente; balbucea) Descansa..."

miércoles, marzo 20, 2013

Mother is at six feet below.

When you die, I'll be there.
When I die, I hope you do, too.
I sometimes imagine everyone
joining revelry while we lay in our
beds, watching Time and Space.

It'll be our funeral, yes.
If you die, take me with you.
So selfish, so self-centered,
it's what I deserve, it's what I crave for.
Your body, your soul, you.

So lonely our funeral will be,
no one mourning us, while watch
Time and Space together.
Isn't that wonderful? Consumed,
turned into dust, together.

Oh, where are you? Neither of
us is dead. But we will, someday.
Lingering fingers, sitting on grass
patches and saying life sucks.
Will it be good to attend our funeral?

So I say, we'll be burnt together,
in a giant bonfire of things lost and forgotten.
Spread, then, into the windy nights of some
mid-summer days, returning to our Mother.
It'll be fantastic.

You and me.
Forever.
Together.
In Death.

martes, marzo 12, 2013

Papá.

Creo entender mejor cómo fuiste.
Sé que tú viviste una versión extremista de mi vida.
Además, ellos dos vivían juntos.
Pero, quizá, la intención siempre fue ésa: huir.

Gracias a que huiste, te viste obligado a madurar.
Porque huiste, trabajaste.
Porque huiste, viviste al día.
Porque huiste, ella jamás te volvió a tocar.

Quizá es por eso que mencionas tanto ese episodio.
Quizá es tu mayor orgullo, saber cuándo crecer y olvidar.
Porque no los dejaste de querer, pero los necesitabas lejos.
Porque te estorbaban y te impedían volar.

Así fuiste lo que quisiste,
una manifestación total y absoluta de ti.
Enjuta, solitaria, pasando muchas penurias,
pero te tenías a ti, solo, al fin.

Y sí, eso es lo que yo más admiro de tu persona.
Tu capacidad de echarte a correr, sin mirar atrás.
Supiste que eso era lo que necesitabas para crecer.
Ahora me toca, pero yo no sé si podré.

Enfrenta tus miedos, enfrenta tus delirios,
salva tu mente, salva tu patria
salva lo que más ames, salva lo que eres,
porque en esta tierra sólo el existe
el perdón de uno mismo.

jueves, febrero 28, 2013

Sésamo.

Ella me dijo que no creía que todo pudiese resumirse en una palabra. Yo le dije que no era del todo imposible, que tal vez hacía falta intentarlo mucho y llegar a esa máxima simplificación. Inmediatamente, comparó mi idea (como lo había previsto) con 1984, de Orwell: que si eso obligaba al lenguaje a ser burdo, parco, aburrido, etecé, etecé, etecé. Tuve que atajarla y decirle que no lo pensaba así. Si he de ser sincero, creo que nunca me entendió como yo a ella.
   Le tuve que explicar detalladamente mi idea: quería transmitir un mensaje completo diciendo únicamente una palabra; sin embargo, no era para expresar una conversación rutinaria, de ésas que suelen empezar con un "Buenos días". No, ésa no era la intención. Entonces, le dije que, a través de un extenso estudio y del método ensayo-error, podríase encontrar la palabra exacta, la cadencia correcta, el tono adecuado y el ritmo ad hoc que pudiese sincerar pensamientos sin necesidad de excesiva palabrería.
   Me miró con curiosidad, pero al mismo tiempo con escepticismo olímpico. Suspiré. Una vez más no podría darme a entender; de nuevo, tendría que soportar su obstinación, remarcándome que sólo pensaba pura tontería. No obstante, esta vez fue distinto. Su semblante cambió abruptamente. De la nada, con una mirada gatuna, mitad seductora y mitad retadora, me propuso intentarlo, a cambio de lo que yo quisiera. Me guiñó tres veces el ojo.
   La vi y el cuerpo me dio un ligero respingo. Irradiaba lascivia y altanería, mientras un brillo luciferino nacía en sus ojos. Santo Dios... Me pregunté qué rayos hacía con ella. Era una duda constante, que se presentaba en diversas ocasiones. El resto del tiempo, prefería olvidarlo por razones que aún desconozco. Tuve que contestar que sí; de lo contrario, se la hubiese pasado chingando. Me encantaba su Ley de Herodes. Además, mi paciencia rara vez ha sido mucha. No hubiera aguantado una sesión intensiva de su vocecita jodiendo mi tímpano como si no hubiera mañana.
   Como de costumbre, impuso las condiciones: tendría yo tres meses para descubrir la palabra que la hiciese derretirse como princesa de cuento. De lo contrario (cito textual "para sazonar las cosas"), me pondría de patas en la calle. Mi cuerpo sintió la imperiosa necesidad de suspirar. De nuevo. No sé si resistía por amor. No sé si la aguantaba por rutina. No sé si la soportaba por temor a la soledad. Patético como me vi, acepté sus endemoniados términos y de inmediato me puse a trabajar en eso.
   Podría suponerse que exprimí mi cerebro al máximo a lo largo de los noventa días de plazo. Sí, así fue. Además, aunado a mis propios pendientes, mi situación de vago se veía muy próxima. Sintiendo pasos en la escalera, estudié diccionarios, enciclopedias, leyendas, cuentos, artículos, lo que fuera, con tal de no dejarme vencer. No podía caer. Me esforzaba no para ganar, sino para no perder.
   El maldito, fatídico, fulminante, etc., etc., ad infinitum, día llegó y yo seguía siendo un ignorante. Empecé a despedirme de mis cosas. Sí, llegué a ese grado dentro del patetismo, el non plus ultra de la mediocridad. Temblando, llegué ante ella. Viéndome como un lacayo, la reina habló, con la barbilla levantada, los ojos cantando victoria y la espalda recta -contra costumbre, porque ella se encorva mucho-, reclamando la, cito textual, "palabra mágica que me habrá de sublimar, como me prometiste, siervo." Apenas terminó de pronunciar la frase y se carcajeó, felicitándose por tan buena representación de "un rey mamón" (lo peor de todo es que no hay mejor descripción para esta situación que no emplee sus entrecomillados).
   Miré al suelo, derrotado. Repitió su exigencia, esta vez sin tanto regodeo ni prosa barata. Cerré los ojos, caminé hacia ella, sin dejar de ver sus pies. Sentía su mirada de poder, sintiendo bajo sus manos la docilidad del perro regañado. Y bien, me dijo, te escucho. Su tonito me sulfuró bastante. Entonces, decidí arriesgarlo todo, decirle lo primero que me viniera a la mente y esperar lo mejor. Levanté la cabeza, respiré con calma, profundamente y recorrí los pasos que me faltaban para llegar a ella.
   Me acerqué tanto que observó fijamente mis labios, como si los deseara. Me temblaba el cuerpo, sudaban frío mis manos. Por poco y pierdo la concentración. La tensión era enorme. El espacio se comprimía a mi alrededor. Mis átomos parecían achicarse. Fue ahí, en la lucidez de la claustrofobia, del miedo que tenía, de la ira contenida, que lo supe, supe lo que necesitaba saber. La sujeté de las muñecas y una mueca de victoria reemplazó mi cara. Su gesto cambió tan rápido como el mío, transfigurándose a terror puro.
   Fue entonces que le susurré al oído.
   Y se desmayó.
   Tuve que huir porque, hasta donde yo sé, ya no se levantó.

viernes, febrero 22, 2013

Falanges

Sé que es una cursilería. Pero ahí va, de todos modos.

Sentía mis manos deslizarse,
mientras te decía a besos
que te amaba.
Quise que mis falanges 
aprisionaran tu piel, 
un susurro a la vez,
mientras tocaba el borde
de tus ojos miel.
Me llenabas, me llenaste.
Me tomaste de la mano
y callaste todo;
te tomé de la mano,
y te dije
cuantos cariños
mis manos te hubieron
prodigado.
Dime tú,
dime si no es cierto
que te dije 
lo que mi boca no pudo decir
en un roce de células
de mi mano.
Así sabré que
no escapaste de 
cuan feliz me hiciste.

sábado, febrero 16, 2013

Libro de diez páginas.

Yo
sólo existo
para cumplir una
tarea que no entiendo
ni tampoco quiero entender ni
sé de qué trata o por
qué está ahí. Sólo sé que me
iré y algún día ése será mi fin:
morir para después nacer en otro lugar muy distinto.