Él ya no recuerda cómo fue que terminaron sobre aquellas piedras volcánicas, tirados sobre el pasto. Piensa que tal vez fue aquella ocasión en que quisieron hacer algo en el Centro y se les acabaron las ideas. Tomaron el Metro y de ahí se fueron hasta aquella piedra cubierta de pasto, que parecía ser un césped muy denso. Bueno, esa versión parece ser la más plausible.
Él no recuerda cómo fue que acabaron frente a la Biblioteca. Sólo recuerda que quiso recostarse en el pasto, y que ella lo siguió. Y lo que vino después, de eso también se acuerda.
Vaya que se acuerda. Recuerda bien que, después de echarse sobre la piedra volcánica, ella y él se picaron las costillas hasta el hartazgo; bueno, él más a ella, porque él no es muy cosquilludo. Recuerda, sí, que cuando dejaron de molestarse, estaban muy juntos, el uno del otro.
Él pasó su brazo por debajo de la cabeza de ella. Se abrazaron. Él recuerda perfectamente que ésa era la primera vez que se sentía así en toda esa semana; un día antes había sido su cumpleaños, pero entre todo el barullo no se había sentido tranquilo en un buen rato. Sentirla cerca lo hizo sentirse tan bien.
Hubo un momento, recuerda él, en que sus rostros se tocaban. Ella es pequeña, y estaba acurrucada en él. Él siente (quizá ya lo inventó, estúpida memoria traicionera) que se intentó acomodar el brazo. No había nadie a su alrededor; el silencio era rey; ellos no se decían nada. Él acabó de acomodarse, y ahora los labios de él tocaban la nariz de ella.
Él ya no recuerda cómo fue que ella y él se unieron. Sin embargo, su memoria no le falla al afirmar que no se había sentido así, tan lleno y tan sonriente. No sabe cuánto tiempo pasó. Sólo pasó, sólo volvió a ser.
Estuvieron juntos un rato más. Luego, llegó el momento de irse. En el camino, él le venía cantando una canción de Tin Tan a ella, de ésas románticas-disparatadas del Pachuco de Oro. Se venían riendo, besando. Estaban juntos. Subieron juntos al Metro, y a él se le acabó la memoria.
Y ésta es la crónica de un día que sucedió, hace no mucho, pero que él conserva con mucho cariño dentro de sí.
Irónicamente, más tarde él descubrió que ella prefería a Cantinflas que a Germán Valdés.
martes, agosto 14, 2012
viernes, agosto 10, 2012
Ficción - Una historia contenida dentro de un vaso.
Todo es cuestión de perspectiva.
Yo primero pensé que mi fatídico error era haberme liado contigo. Que en un roce de piel me había dejado vulnerable, que te había dejado enraizarte dentro de lo más profundo de mí, permitiendo que perforaras mi mente y mis sentimientos. Te vi como un peligro. Olvida ya lo que dije, olvida ya lo que leíste.
Olvídalo.
Porque en este momento, el párrafo anterior es una mentira.
Hubo una noche en que en mí no hubo nada más que la miserable gana de una ídem borrachera. Supongo que nunca fue lo más correcto, mucho menos lo más sensato; me conozco y sé que, intoxicado, puedo exponerme demasiado y quebrarme completamente. Sin embargo, mi cuerpo deseaba un buen tequila, algo fuerte para apaciguar mi estúpida mente. Fui a la licorera y la asalté.
Un par de tragos más tarde, esa mareada y vívida lucidez me invadió. Estaba solo, botella en mano y pensé en ti. Recordé los rasgos de tu tez, tus animados ojos oscuros, el cabello castaño y desordenado. Recordé aquella vez en que tú... Ya no recuerdo que recordé. Sin embargo, memorizo perfectamente que te dejé de ver como solía verte: como un peligro hacia mí.
Una pequeña imagen, la tuya, que contrastaba con la gris realidad que en torno a mí había yo construido. Luminosa, ¿sabes?
Todo es cuestión de perspectiva.
Yo primero pensé que mi fatídico error era haberme liado contigo. Que en un roce de piel me había dejado vulnerable, que te había dejado enraizarte dentro de lo más profundo de mí, permitiendo que perforaras mi mente y mis sentimientos. Te vi como un peligro. Olvida ya lo que dije, olvida ya lo que leíste.
Olvídalo.
Porque en este momento, el párrafo anterior es una mentira.
Hubo una noche en que en mí no hubo nada más que la miserable gana de una ídem borrachera. Supongo que nunca fue lo más correcto, mucho menos lo más sensato; me conozco y sé que, intoxicado, puedo exponerme demasiado y quebrarme completamente. Sin embargo, mi cuerpo deseaba un buen tequila, algo fuerte para apaciguar mi estúpida mente. Fui a la licorera y la asalté.
Un par de tragos más tarde, esa mareada y vívida lucidez me invadió. Estaba solo, botella en mano y pensé en ti. Recordé los rasgos de tu tez, tus animados ojos oscuros, el cabello castaño y desordenado. Recordé aquella vez en que tú... Ya no recuerdo que recordé. Sin embargo, memorizo perfectamente que te dejé de ver como solía verte: como un peligro hacia mí.
Una pequeña imagen, la tuya, que contrastaba con la gris realidad que en torno a mí había yo construido. Luminosa, ¿sabes?
Todo es cuestión de perspectiva.
viernes, agosto 03, 2012
Matters of jealousy, pride and love.
Como se lo comenté a Royal, hay un vacío que ella llena y que, cuando se va, siento deja más vacío todavía. ¿Por qué? No lo sé. Tantas ganas de que no desapareciera de la nada, que de vez en cuando recibiese un mensaje suyo, por el medio que fuese. Y sé que ella no es del tipo de persona, pero que por favor, a su manera, me haga sentir que no me ha olvidado.
Sus celos, a veces desbocados, la forma desdeñosa en la que a veces me habla, me hacen dudar de mí mismo y de la decisión que juntos tomamos. Hace un buen rato no me clavaba con alguien. Y, como la vez anterior, no me clavé con la mejor persona.
Tengo tantos sentimientos encontrados brotándome. Ganas de reclamarle, pero con ganas de callarme al mismo tiempo para estrecharla entre mis brazos en otro de esos momentos juntos. Ganas de estar con ella, ganas de saberla lejos. Ganas de no sentir.
Ganas de mejor no haberla conocido, haberme ahorrado este desmadre y no tener apego con nadie, como lo había venido haciendo.
Y sin embargo, estoy aquí,
esperando a que lo que me prometiste entre plenamente en vigor.
Por dentro, me desgajo un poco;
cuando te veo, me compongo un poco.
El problema es
que ya no sé
si me desgajo más
de lo que me compongo.
Sus celos, a veces desbocados, la forma desdeñosa en la que a veces me habla, me hacen dudar de mí mismo y de la decisión que juntos tomamos. Hace un buen rato no me clavaba con alguien. Y, como la vez anterior, no me clavé con la mejor persona.
Tengo tantos sentimientos encontrados brotándome. Ganas de reclamarle, pero con ganas de callarme al mismo tiempo para estrecharla entre mis brazos en otro de esos momentos juntos. Ganas de estar con ella, ganas de saberla lejos. Ganas de no sentir.
Ganas de mejor no haberla conocido, haberme ahorrado este desmadre y no tener apego con nadie, como lo había venido haciendo.
Y sin embargo, estoy aquí,
esperando a que lo que me prometiste entre plenamente en vigor.
Por dentro, me desgajo un poco;
cuando te veo, me compongo un poco.
El problema es
que ya no sé
si me desgajo más
de lo que me compongo.
miércoles, julio 25, 2012
Je suis un roi.
Una noche, como cualquier otra, salgo al patio de mi casa. Saco mis cigarrillos, abro la puerta de la casa con cuidado (para no despertar a nadie) y enciendo uno. Lo disfruto, sintiendo el frío de una noche como cualquier otra.
Este es un ritual que se repite noche tras noche, mientras me queden cigarros. En la noche, mi voluntad es acatada cabalmente. Aquí, yo soy victorioso, vencido e inquisidor al mismo tiempo.
Una noche en que los papeles se intercambian, yo decido y soy quien quiero ser, viviendo bajo el mismo techo que la principal opositora a mi reinado. Y, sin embargo, usurpando temporalmente lo que es suyo, convierto la casa en una extensión de mis deseos.
Son pequeñas cosas las que cambian el sentido de otras más grandes. Las coronas no te hacen rey. Sólo depende de quién y cuándo esté.
Soy rey de mis propias noches. Y así me encanta que sea.
Este es un ritual que se repite noche tras noche, mientras me queden cigarros. En la noche, mi voluntad es acatada cabalmente. Aquí, yo soy victorioso, vencido e inquisidor al mismo tiempo.
Una noche en que los papeles se intercambian, yo decido y soy quien quiero ser, viviendo bajo el mismo techo que la principal opositora a mi reinado. Y, sin embargo, usurpando temporalmente lo que es suyo, convierto la casa en una extensión de mis deseos.
Son pequeñas cosas las que cambian el sentido de otras más grandes. Las coronas no te hacen rey. Sólo depende de quién y cuándo esté.
Soy rey de mis propias noches. Y así me encanta que sea.
lunes, julio 16, 2012
Telón.
Es en la noche
cuando suceden
las orgías, los bailes, los sentimientos y los amores.
Es en la noche cuando los dedos rozan otra piel,
cuando suceden
las orgías, los bailes, los sentimientos y los amores.
Es en la noche cuando los dedos rozan otra piel,
otro espacio y otro Universo,
que no tienen más frontera que el gemir de unos labios.
Es en la noche
Es en la noche
cuando el bullicio termina,
el silencio se escucha, se percibe todo, cada átomo, cada célula de piel.
Es en la noche
Es en la noche
cuando caen los telones,
lágrimas de niños en los rincones, encuentros furtivos, el tenue palpitar
de la noche oscura.
Es aquí,
Es aquí,
cuando aparecen los fantasmas, los sueños, las ilusiones,
las ilusiones y las frustraciones,
que soñaron con mundos mejores,
pero que encontraron compañía, en manos
de alguna señorita en la noche.
Bienvenidos al hermoso mar de la noche,
Bienvenidos al hermoso mar de la noche,
que nunca duerme en quienes han decidido embarcarse en sus aguas,
tratando de encontrarse.
Encontrarse en otro, encontrarse en las aguas de la noche. En que dos besos fugaces
Encontrarse en otro, encontrarse en las aguas de la noche. En que dos besos fugaces
cruzan las frentes, los amores unidos en un sólo instante.
En un sólo instante que los engulle a los dos,
hasta el amanecer de un día que
olvidará que la noche existió.
sábado, julio 07, 2012
El gran concierto en el cielo
Si al final, todos estaremos muertos,
flotando entre notas
de alguna canción,
de algún átomo vibrante,
de algún recuerdo vacío.
Soy.
Ahora soy.
Mañana no seré.
Estoy vivo,
y todo este gran espectáculo,
maravilla de mis ojos y oídos.
Estoy,
estoy viendo el concierto más grande,
el gran concierto en el cielo.
flotando entre notas
de alguna canción,
de algún átomo vibrante,
de algún recuerdo vacío.
Soy.
Ahora soy.
Mañana no seré.
Estoy vivo,
y todo este gran espectáculo,
maravilla de mis ojos y oídos.
Estoy,
estoy viendo el concierto más grande,
el gran concierto en el cielo.
lunes, junio 25, 2012
The Hidden Chamber
Este es un bonito poema del honorable señor que es Neil Gaiman.
Do not fear the ghosts in this house; they
are the least of your worries.
Personally I find the noises they make reassuring,
The creaks and footsteps in the night,
their little tricks of hiding thing, or moving them, I find
endearing, not upsettling. It makes the place
feel so much more like home.
Inhabited.
Apart from ghosts nothing lives here for long. No cats,
no mice, no flies, no dreams, no bats. Two days ago
I saw a butterfly,
a monarch I believe, which danced from room to room
and perched on walls and waited near to me.
There are no flowers in this empty place,
and, scared the butterfly would starve,
I forced a window wide,
cupped my two hands around her fluttering self,
feeling her wings kiss my palms so gentle,
and put her out, and watched her fly away.
I've little patience with the seasons here, but
your arrival eased this winter's chill.
Please, wander round. Explore it all you wish.
I've broken with tradition on some points. If there is
one locked room here, you'll never know. You'll not find
in the cellar's fireplace old bones or
hair. You'll find no blood.
Regard:
just tools, a washing machine, a dryer, a
water heater, and a chain of keys.
Nothing that can alarm you. Nothing dark.
I may be grim, perhaps, but only just as grim
Do not fear the ghosts in this house; they
are the least of your worries.
Personally I find the noises they make reassuring,
The creaks and footsteps in the night,
their little tricks of hiding thing, or moving them, I find
endearing, not upsettling. It makes the place
feel so much more like home.
Inhabited.
Apart from ghosts nothing lives here for long. No cats,
no mice, no flies, no dreams, no bats. Two days ago
I saw a butterfly,
a monarch I believe, which danced from room to room
and perched on walls and waited near to me.
There are no flowers in this empty place,
and, scared the butterfly would starve,
I forced a window wide,
cupped my two hands around her fluttering self,
feeling her wings kiss my palms so gentle,
and put her out, and watched her fly away.
I've little patience with the seasons here, but
your arrival eased this winter's chill.
Please, wander round. Explore it all you wish.
I've broken with tradition on some points. If there is
one locked room here, you'll never know. You'll not find
in the cellar's fireplace old bones or
hair. You'll find no blood.
Regard:
just tools, a washing machine, a dryer, a
water heater, and a chain of keys.
Nothing that can alarm you. Nothing dark.
I may be grim, perhaps, but only just as grim
as any man who suffered such affairs. Misfortune,
carelessness or pain, what matters is the loss. You'll see
the heartbreak linger in my eyes, and dream
of making me forger what came before you walked
into the hallway of this house. Bringing a little summer
in your glance, and with your smile.
While you are here, of course, you will hear
the ghosts, always a room away,
and you may wake beside me in the night,
knowing that there's a space without a door
knowing that there's a place that's locked
but isn't there. Hearing
them scuffle, echo, thump and pound.
If you are wise you'll run into the night,
fluttering away into the cold
wearing perhaps the laciest of shifts.
The lane's hard flints
will cut your feet all bloody as you run,
ao, if I wished, I could just follow you,
tasting the blood and oceans of your
tears. I'll wait instead,
here in my private place, and soon I'll put
a candle
in the window, love, to light your way back home.
The world flutters like insects. I think this
is how I shall remember you,
my head between the white swell of your breasts,
listening to the chambers of your heart.
the ghosts, always a room away,
and you may wake beside me in the night,
knowing that there's a space without a door
knowing that there's a place that's locked
but isn't there. Hearing
them scuffle, echo, thump and pound.
If you are wise you'll run into the night,
fluttering away into the cold
wearing perhaps the laciest of shifts.
The lane's hard flints
will cut your feet all bloody as you run,
ao, if I wished, I could just follow you,
tasting the blood and oceans of your
tears. I'll wait instead,
here in my private place, and soon I'll put
a candle
in the window, love, to light your way back home.
The world flutters like insects. I think this
is how I shall remember you,
my head between the white swell of your breasts,
listening to the chambers of your heart.
domingo, junio 24, 2012
Memorias frágiles
Solía suponer que mi mundo giraba en torno tuyo.
Solía suponer que mis sueños tenían de combustible los tuyos.
Solía suponer que mis ansias se debían a tus ausencias.
Solía suponer muchas cosas.
Solía suponer que lo tenía bajo control.
Solía suponer que yo era tu protector.
Solía suponer que no había luces que se consumían.
Solía suponer demasiadas cosas.
Solía suponer que los libros tenían sentido.
Solía suponer que las canciones tenían mensajes secretos.
Solía suponer que el Universo era inconmensurable.
Solía suponer, quizás, muy pocas cosas.
Solía suponer que yo...
Solía suponer que tú...
Solía suponer que nosotros...
Solía suponer nada.
Y es que,
y es que yo creía muchas cosas.
Mis ojos están abiertos. La sangre los ha abierto.
Solía suponer que tú y yo.
Solía suponer muchas cosas.
Ahora sé, ya no supongo.
Suponer no sirve de nada.
Solía suponer que mis sueños tenían de combustible los tuyos.
Solía suponer que mis ansias se debían a tus ausencias.
Solía suponer muchas cosas.
Solía suponer que lo tenía bajo control.
Solía suponer que yo era tu protector.
Solía suponer que no había luces que se consumían.
Solía suponer demasiadas cosas.
Solía suponer que los libros tenían sentido.
Solía suponer que las canciones tenían mensajes secretos.
Solía suponer que el Universo era inconmensurable.
Solía suponer, quizás, muy pocas cosas.
Solía suponer que yo...
Solía suponer que tú...
Solía suponer que nosotros...
Solía suponer nada.
Y es que,
y es que yo creía muchas cosas.
Mis ojos están abiertos. La sangre los ha abierto.
Solía suponer que tú y yo.
Solía suponer muchas cosas.
Ahora sé, ya no supongo.
Suponer no sirve de nada.
viernes, junio 08, 2012
La imperfección.
"Y, aunque sé que no era la más guapa del mundo, juro que era más guapa que cualquiera."
Fito Páez, Joaquín Sabina y Andrés Calamaro, Más Guapa que Cualquiera
Algo leí en un libro de Kundera donde un doctor ya entrado en años aleccionaba a un joven reportero sobre la belleza de las mujeres. Si mal no recuerdo, le decía que mientras más se acercara una mujer a la perfección, menos bella sería ante el ojo, porque la impureza le daba a cada mujer un matiz especial, único, que la hacía atrayente y hermosa a quien la viera.
Pues, ¿sabes?
Eres única.
Única como sólo tú.
Y es ese matiz tan bello, tan tuyo, lo que me tiene aquí cacheteando las banquetas.
Por ti.
miércoles, mayo 30, 2012
La sala de operaciones
Basado en un sueño, excesivamente real. Agradezco a Dyana su sugerencia de hacer este sueño más material..
Cuando desperté, estaba amarrado; amarrado a una mesa de operaciones. No estaba amordazado. Mis muñecas y mis tobillos ardían de lo bien sujetado que estaba. Forcejeé y, como es natural, no me moví un carajo. Vi el cuarto: las paredes estaban llenas de pequeñas figuras negras, que no alcancé a distinguir bien; creo que eran cráneos negros, duros, como de obsidiana.
No sé cuánto llevo aquí. El escozor en mis brazos y piernas me dice que ya llevo varias horas inmóvil. Estoy cansado, tengo ganas de dormir. No tengo miedo. No sé dónde estoy, pero no me importa. Y es aquí cuando la puerta se abre.
Una gran puerta negra se abre ante mis ojos y sale una muchacha de mi misma edad. Su cabello, largo y lacio, muta su color de rojo a azul, de azul a violeta, de violeta a rojo en unos cuantos segundos. Su mirada, de ojos negros y expresión malévola, me miran, como quien no siente piedad por las criaturas que lleva al matadero. Me observa detenidamente, contempla cada milímetro con voracidad. Le tengo miedo. Pero vine aquí por mi propia voluntad.
Se acerca a mí, me respira. Palpa mi cuerpo con los dedos, cruza en un susurro mi vientre. Cuando termina, va a una esquina de la habitación que no puedo ver. Escucho que arrastra consigo algo, como de esas mesitas con ruedas. Se acerca y contemplo un poco espantado, pero ansioso, aquello que ella mira con tanto cariño: una bandeja móvil, llena de extraños objetos. Objetos de tortura.
Toma un pequeño piolet, más parecido a una regla T, y comprueba su filo. Al ver que, tras perforarse un poco un dedo, le escurre sangre, voltea a verme a los ojos. Unos bellos ojos negros que inundan mi alma con un placer desconocido. Dios, la deseo. La deseo con el corazón. Deseo que me lastime, deseo que me haga sufrir. Deseo estar aquí, con ella, aunque eso signifique morir en este instante.
Dios, ¿qué está haciendo? El piolet se hunde en una encía y siento que duele. Nunca supe cuando abrió mi boca, pero ahora está manando sangre. Oy, dulce placer. Ahora está perforando otra parte de mi boca. Veo cómo sus hermosos ojos me dicen que no sobreviviré. No me importa. Ya no me importa nada. Por favor, chica de los ojos hermosos, hínchame los ojos del dolor insoportable que me causarás. Hazme feliz con mi sufrimiento.
Ya dejó de jugar con mi boca. No siento la sangre. Tampoco me duele. Sólo siento una dicha enorme. Una dicha enorme de yo ser su víctima y ella, mi victimario. Me ve otra vez; sus ojos ahora son dulces, color caramelo fundido. Me mira con ternura, como un niño a su perro querido. Tengo ganas de decirle cursilerías, de repasar su cuerpo desnudo con la yema de mis dedos. Tengo ganas de poseerla, tengo ganas de liberarme y sentir su aliento junto a mi pecho. Tengo ganas de...
Un momento, creo que acaba de tomar otro objeto. Es un cetro, coronado en un cráneo lleno de agujeros, cuyos bordes terminan en filosas navajas. En el centro del cráneo, brilla una luz verde misteriosa, como si fuera el alma del cetro. Con cuidado, sin perder la vista de mí, arrastra con cuidado el cráneo por mi rostro. Siento cómo destroza mi piel con cada pasada. Siento cómo se pela la epidermis, siento cómo mis células muertas. Siento la sangre correr, aunque no vea ni un sólo chisguete escarlata.
Siento que mis sueños se cumplen, siento que es amor. Siento que amo cómo me tortura, siento que su mirada cálida me promete un futuro mejor, fuera de este absurdo cuerpo mortal. Siento, siento, siento...
Desperté otra vez, y ahora ya no estoy en aquella tétrica sala. Estoy al lado de mi mochila, en la escuela. Mi rostro está deshecho. Me acaba de ver una mujer que hace tiempo conocí, pero que ahora ya no reconozco. Ella dice que se vengará de lo que me hicieron, que encontrará a la culpable.
Cierro los ojos, ya no escucho su voz. Por dentro soy feliz.
Adiós.
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