martes, abril 02, 2013

Prólogo al sueño.

Una mañana, despertó.
Vio al techo, miró al espejo; no logró resistir.
¿Por qué hoy también?
Su cabeza retumbaba.
Vio al espejo.
No lo soportó.
Con su zapato, rompió el espejo.
Yo no sabría decirles por qué lo hizo.
Lo hizo, simplemente, porque algo tenían sus ojos.
Quiero pensar, claro.
Bueno. El suelo se llenó de pequeños reflejos.
No sólo fue un reflejo de sí. Ahora fueron cientos, deformes, diminutos, torcidos. De todo tipo.
Miró al suelo con horror. Hizo un par de llamadas. 
Llegaron, más tarde.
Los espejitos fueron recogidos. Temblaba de angustia. Seguía imaginando cada trocito.
Una mano recorrió su rostro. Una voz le aconsejó calma.
Sonrió. La puerta se cerró.
Una vez más, soledad.
El espejo tenía un marco metálico. 
Quedaba éste desnudo, luciendo un hueco cóncavo en su interior.
Suspiró. No más espejos, se dijo.
El metal tenía una particularidad. Había sido pulcramente pulido.
Sufrió. 
No llamaría de nuevo. No volverían a salvarle.
Cerrando los ojos, el marco sufrió la gravedad a dos pisos de altura.
Sin embargo, el daño había sido hecho.
Una pequeña ventana.
Un vaso de vidrio. Un reloj en su muñeca.
Los pomos de la puerta. Cuchillos.
Luz que rebota en el mismo ángulo en que incide, del otro lado del plano.
Simetría descrita con una redirección. Perfecta simetría.
Todo estalla. Los ojos se hacen más pequeños.
Pero ahora son más. Muchos. Lo observan.
Necesitan de él, necesitan alimentarse de él. 
Lo ven, beben de su río. Se nutren de su corriente.
El caudal se hace más débil. Los ojos observan. 
Se sienten cansados. Se han saciado. 
Es hora de la siesta. Siempre da sueño después de comer...
Es
tiempo
de
dorm...



"(Un tenue silencio; abre la boca, se arrepiente; balbucea) Descansa..."

miércoles, marzo 20, 2013

Mother is at six feet below.

When you die, I'll be there.
When I die, I hope you do, too.
I sometimes imagine everyone
joining revelry while we lay in our
beds, watching Time and Space.

It'll be our funeral, yes.
If you die, take me with you.
So selfish, so self-centered,
it's what I deserve, it's what I crave for.
Your body, your soul, you.

So lonely our funeral will be,
no one mourning us, while watch
Time and Space together.
Isn't that wonderful? Consumed,
turned into dust, together.

Oh, where are you? Neither of
us is dead. But we will, someday.
Lingering fingers, sitting on grass
patches and saying life sucks.
Will it be good to attend our funeral?

So I say, we'll be burnt together,
in a giant bonfire of things lost and forgotten.
Spread, then, into the windy nights of some
mid-summer days, returning to our Mother.
It'll be fantastic.

You and me.
Forever.
Together.
In Death.

martes, marzo 12, 2013

Papá.

Creo entender mejor cómo fuiste.
Sé que tú viviste una versión extremista de mi vida.
Además, ellos dos vivían juntos.
Pero, quizá, la intención siempre fue ésa: huir.

Gracias a que huiste, te viste obligado a madurar.
Porque huiste, trabajaste.
Porque huiste, viviste al día.
Porque huiste, ella jamás te volvió a tocar.

Quizá es por eso que mencionas tanto ese episodio.
Quizá es tu mayor orgullo, saber cuándo crecer y olvidar.
Porque no los dejaste de querer, pero los necesitabas lejos.
Porque te estorbaban y te impedían volar.

Así fuiste lo que quisiste,
una manifestación total y absoluta de ti.
Enjuta, solitaria, pasando muchas penurias,
pero te tenías a ti, solo, al fin.

Y sí, eso es lo que yo más admiro de tu persona.
Tu capacidad de echarte a correr, sin mirar atrás.
Supiste que eso era lo que necesitabas para crecer.
Ahora me toca, pero yo no sé si podré.

Enfrenta tus miedos, enfrenta tus delirios,
salva tu mente, salva tu patria
salva lo que más ames, salva lo que eres,
porque en esta tierra sólo el existe
el perdón de uno mismo.

jueves, febrero 28, 2013

Sésamo.

Ella me dijo que no creía que todo pudiese resumirse en una palabra. Yo le dije que no era del todo imposible, que tal vez hacía falta intentarlo mucho y llegar a esa máxima simplificación. Inmediatamente, comparó mi idea (como lo había previsto) con 1984, de Orwell: que si eso obligaba al lenguaje a ser burdo, parco, aburrido, etecé, etecé, etecé. Tuve que atajarla y decirle que no lo pensaba así. Si he de ser sincero, creo que nunca me entendió como yo a ella.
   Le tuve que explicar detalladamente mi idea: quería transmitir un mensaje completo diciendo únicamente una palabra; sin embargo, no era para expresar una conversación rutinaria, de ésas que suelen empezar con un "Buenos días". No, ésa no era la intención. Entonces, le dije que, a través de un extenso estudio y del método ensayo-error, podríase encontrar la palabra exacta, la cadencia correcta, el tono adecuado y el ritmo ad hoc que pudiese sincerar pensamientos sin necesidad de excesiva palabrería.
   Me miró con curiosidad, pero al mismo tiempo con escepticismo olímpico. Suspiré. Una vez más no podría darme a entender; de nuevo, tendría que soportar su obstinación, remarcándome que sólo pensaba pura tontería. No obstante, esta vez fue distinto. Su semblante cambió abruptamente. De la nada, con una mirada gatuna, mitad seductora y mitad retadora, me propuso intentarlo, a cambio de lo que yo quisiera. Me guiñó tres veces el ojo.
   La vi y el cuerpo me dio un ligero respingo. Irradiaba lascivia y altanería, mientras un brillo luciferino nacía en sus ojos. Santo Dios... Me pregunté qué rayos hacía con ella. Era una duda constante, que se presentaba en diversas ocasiones. El resto del tiempo, prefería olvidarlo por razones que aún desconozco. Tuve que contestar que sí; de lo contrario, se la hubiese pasado chingando. Me encantaba su Ley de Herodes. Además, mi paciencia rara vez ha sido mucha. No hubiera aguantado una sesión intensiva de su vocecita jodiendo mi tímpano como si no hubiera mañana.
   Como de costumbre, impuso las condiciones: tendría yo tres meses para descubrir la palabra que la hiciese derretirse como princesa de cuento. De lo contrario (cito textual "para sazonar las cosas"), me pondría de patas en la calle. Mi cuerpo sintió la imperiosa necesidad de suspirar. De nuevo. No sé si resistía por amor. No sé si la aguantaba por rutina. No sé si la soportaba por temor a la soledad. Patético como me vi, acepté sus endemoniados términos y de inmediato me puse a trabajar en eso.
   Podría suponerse que exprimí mi cerebro al máximo a lo largo de los noventa días de plazo. Sí, así fue. Además, aunado a mis propios pendientes, mi situación de vago se veía muy próxima. Sintiendo pasos en la escalera, estudié diccionarios, enciclopedias, leyendas, cuentos, artículos, lo que fuera, con tal de no dejarme vencer. No podía caer. Me esforzaba no para ganar, sino para no perder.
   El maldito, fatídico, fulminante, etc., etc., ad infinitum, día llegó y yo seguía siendo un ignorante. Empecé a despedirme de mis cosas. Sí, llegué a ese grado dentro del patetismo, el non plus ultra de la mediocridad. Temblando, llegué ante ella. Viéndome como un lacayo, la reina habló, con la barbilla levantada, los ojos cantando victoria y la espalda recta -contra costumbre, porque ella se encorva mucho-, reclamando la, cito textual, "palabra mágica que me habrá de sublimar, como me prometiste, siervo." Apenas terminó de pronunciar la frase y se carcajeó, felicitándose por tan buena representación de "un rey mamón" (lo peor de todo es que no hay mejor descripción para esta situación que no emplee sus entrecomillados).
   Miré al suelo, derrotado. Repitió su exigencia, esta vez sin tanto regodeo ni prosa barata. Cerré los ojos, caminé hacia ella, sin dejar de ver sus pies. Sentía su mirada de poder, sintiendo bajo sus manos la docilidad del perro regañado. Y bien, me dijo, te escucho. Su tonito me sulfuró bastante. Entonces, decidí arriesgarlo todo, decirle lo primero que me viniera a la mente y esperar lo mejor. Levanté la cabeza, respiré con calma, profundamente y recorrí los pasos que me faltaban para llegar a ella.
   Me acerqué tanto que observó fijamente mis labios, como si los deseara. Me temblaba el cuerpo, sudaban frío mis manos. Por poco y pierdo la concentración. La tensión era enorme. El espacio se comprimía a mi alrededor. Mis átomos parecían achicarse. Fue ahí, en la lucidez de la claustrofobia, del miedo que tenía, de la ira contenida, que lo supe, supe lo que necesitaba saber. La sujeté de las muñecas y una mueca de victoria reemplazó mi cara. Su gesto cambió tan rápido como el mío, transfigurándose a terror puro.
   Fue entonces que le susurré al oído.
   Y se desmayó.
   Tuve que huir porque, hasta donde yo sé, ya no se levantó.

viernes, febrero 22, 2013

Falanges

Sé que es una cursilería. Pero ahí va, de todos modos.

Sentía mis manos deslizarse,
mientras te decía a besos
que te amaba.
Quise que mis falanges 
aprisionaran tu piel, 
un susurro a la vez,
mientras tocaba el borde
de tus ojos miel.
Me llenabas, me llenaste.
Me tomaste de la mano
y callaste todo;
te tomé de la mano,
y te dije
cuantos cariños
mis manos te hubieron
prodigado.
Dime tú,
dime si no es cierto
que te dije 
lo que mi boca no pudo decir
en un roce de células
de mi mano.
Así sabré que
no escapaste de 
cuan feliz me hiciste.

sábado, febrero 16, 2013

Libro de diez páginas.

Yo
sólo existo
para cumplir una
tarea que no entiendo
ni tampoco quiero entender ni
sé de qué trata o por
qué está ahí. Sólo sé que me
iré y algún día ése será mi fin:
morir para después nacer en otro lugar muy distinto.

miércoles, enero 30, 2013

Yo no quise.

Yo no quería
y, sin embargo, fue.
Fue como si me azotara un gélido
viento, voraz y despiadado
por la espalda.
Yo no quería
porque es
algo que hierve mi sangre.
La hierve, invade mi querer,
mi sentir y mi pensar.
Desaparezco,
tiemblo como otrora,
yo no soy así. No.
Quizá sea tiempo de querer.
No, no.
Yo no quería
que sucediera.
No importaba cómo fuera.
Contuve la respiración, soñé con alcanzar
tranquilidad que nunca vino.
Yo no quería,
yo no quise.
La insolación vino y
secó verdes prados.
La lluvia no volverá, dicen.
Miro al cielo, espero con
ansias la noche.
Yo no quería,
yo no sé si deba querer,
yo sé que no quiero.
Un tenue resplandor selénico
me dice que el sol habrá de terminar.
Pero volverá mañana.
Yo no quería,
yo no quiero.
Por favor.

lunes, enero 28, 2013

Fags.

I wished
I was some kind of
bulletproof, immortal.
You know, the kind
that can last forever,
and never sleep, wandering in the alleys
of some lost cities.
Echoes of a cute voice,
calling the three of us "fags" wander deep into the heart
of some lost cities.
I sometimes wished you could
be lost forever. But I never really did.
And I'm sorry.
You never did go. That is great.
I never wanted you to get away from me,
embracing Death and Forgetfulness,
fully engulfed in flames, becoming gray and
faltering memories.
It's, you know, that kind of
feeling, whenever you become lost in
another else's city, when you become infinite
in another else's life.
It's kind of coming back.
De-dust.
It's time for some clean-up.
The walls are falling, the dreams are breaking apart.
Let's have another trip all together.
Let me feel neverended once more.

domingo, enero 20, 2013

Lluvia de temporal.

Mira, en este cielo hay lluvia.
No se ve, pero la siento abatirse sobre mí.
La veo empapándome.
La frescura, los tonos grises
que anuncian serán verdes.
Lluvia, en este momento,
llueve, llueve dentro de mí.
Los campos se alegran.
Hay niños brincando en los charcos. Las cosas
grises mueren un instante.
Viniste, te vi.
La lluvia cae en finas, pero constantes
gotas. Se empapa mi corazón,
se impregna del olor húmedo,
se nutre del agua,
Siento fraguar dentro de mí
algo magnífico,
hijo de la tierra recién removida,
de verdes praderas
y del temporal.
Siento la lluvia caer,
te siento caer.
Te siento inundarme.
Inúndame, nútreme otra vez.

viernes, enero 18, 2013

Células perdidas.

Contempla tu mano,
ve cómo llevas contigo parte de mí.
La piel muere.
Parte de mí murió en ti.

Me siento más ligero.
Creo que morí un poco de más.
Mis dedos arden,
envueltos en llamas.

Mi piel se consagró
en la tuya. Yo siento cómo
se me entumen las entrañas
de sólo verte.

Dime, tú, si
yo debería seguir aquí.
Y no en ti.
Dime si tú también.

Dime si tú gustas de mí
como yo de ti.
No digas nada.
Me soy contigo.