miércoles, marzo 20, 2013

Mother is at six feet below.

When you die, I'll be there.
When I die, I hope you do, too.
I sometimes imagine everyone
joining revelry while we lay in our
beds, watching Time and Space.

It'll be our funeral, yes.
If you die, take me with you.
So selfish, so self-centered,
it's what I deserve, it's what I crave for.
Your body, your soul, you.

So lonely our funeral will be,
no one mourning us, while watch
Time and Space together.
Isn't that wonderful? Consumed,
turned into dust, together.

Oh, where are you? Neither of
us is dead. But we will, someday.
Lingering fingers, sitting on grass
patches and saying life sucks.
Will it be good to attend our funeral?

So I say, we'll be burnt together,
in a giant bonfire of things lost and forgotten.
Spread, then, into the windy nights of some
mid-summer days, returning to our Mother.
It'll be fantastic.

You and me.
Forever.
Together.
In Death.

martes, marzo 12, 2013

Papá.

Creo entender mejor cómo fuiste.
Sé que tú viviste una versión extremista de mi vida.
Además, ellos dos vivían juntos.
Pero, quizá, la intención siempre fue ésa: huir.

Gracias a que huiste, te viste obligado a madurar.
Porque huiste, trabajaste.
Porque huiste, viviste al día.
Porque huiste, ella jamás te volvió a tocar.

Quizá es por eso que mencionas tanto ese episodio.
Quizá es tu mayor orgullo, saber cuándo crecer y olvidar.
Porque no los dejaste de querer, pero los necesitabas lejos.
Porque te estorbaban y te impedían volar.

Así fuiste lo que quisiste,
una manifestación total y absoluta de ti.
Enjuta, solitaria, pasando muchas penurias,
pero te tenías a ti, solo, al fin.

Y sí, eso es lo que yo más admiro de tu persona.
Tu capacidad de echarte a correr, sin mirar atrás.
Supiste que eso era lo que necesitabas para crecer.
Ahora me toca, pero yo no sé si podré.

Enfrenta tus miedos, enfrenta tus delirios,
salva tu mente, salva tu patria
salva lo que más ames, salva lo que eres,
porque en esta tierra sólo el existe
el perdón de uno mismo.

jueves, febrero 28, 2013

Sésamo.

Ella me dijo que no creía que todo pudiese resumirse en una palabra. Yo le dije que no era del todo imposible, que tal vez hacía falta intentarlo mucho y llegar a esa máxima simplificación. Inmediatamente, comparó mi idea (como lo había previsto) con 1984, de Orwell: que si eso obligaba al lenguaje a ser burdo, parco, aburrido, etecé, etecé, etecé. Tuve que atajarla y decirle que no lo pensaba así. Si he de ser sincero, creo que nunca me entendió como yo a ella.
   Le tuve que explicar detalladamente mi idea: quería transmitir un mensaje completo diciendo únicamente una palabra; sin embargo, no era para expresar una conversación rutinaria, de ésas que suelen empezar con un "Buenos días". No, ésa no era la intención. Entonces, le dije que, a través de un extenso estudio y del método ensayo-error, podríase encontrar la palabra exacta, la cadencia correcta, el tono adecuado y el ritmo ad hoc que pudiese sincerar pensamientos sin necesidad de excesiva palabrería.
   Me miró con curiosidad, pero al mismo tiempo con escepticismo olímpico. Suspiré. Una vez más no podría darme a entender; de nuevo, tendría que soportar su obstinación, remarcándome que sólo pensaba pura tontería. No obstante, esta vez fue distinto. Su semblante cambió abruptamente. De la nada, con una mirada gatuna, mitad seductora y mitad retadora, me propuso intentarlo, a cambio de lo que yo quisiera. Me guiñó tres veces el ojo.
   La vi y el cuerpo me dio un ligero respingo. Irradiaba lascivia y altanería, mientras un brillo luciferino nacía en sus ojos. Santo Dios... Me pregunté qué rayos hacía con ella. Era una duda constante, que se presentaba en diversas ocasiones. El resto del tiempo, prefería olvidarlo por razones que aún desconozco. Tuve que contestar que sí; de lo contrario, se la hubiese pasado chingando. Me encantaba su Ley de Herodes. Además, mi paciencia rara vez ha sido mucha. No hubiera aguantado una sesión intensiva de su vocecita jodiendo mi tímpano como si no hubiera mañana.
   Como de costumbre, impuso las condiciones: tendría yo tres meses para descubrir la palabra que la hiciese derretirse como princesa de cuento. De lo contrario (cito textual "para sazonar las cosas"), me pondría de patas en la calle. Mi cuerpo sintió la imperiosa necesidad de suspirar. De nuevo. No sé si resistía por amor. No sé si la aguantaba por rutina. No sé si la soportaba por temor a la soledad. Patético como me vi, acepté sus endemoniados términos y de inmediato me puse a trabajar en eso.
   Podría suponerse que exprimí mi cerebro al máximo a lo largo de los noventa días de plazo. Sí, así fue. Además, aunado a mis propios pendientes, mi situación de vago se veía muy próxima. Sintiendo pasos en la escalera, estudié diccionarios, enciclopedias, leyendas, cuentos, artículos, lo que fuera, con tal de no dejarme vencer. No podía caer. Me esforzaba no para ganar, sino para no perder.
   El maldito, fatídico, fulminante, etc., etc., ad infinitum, día llegó y yo seguía siendo un ignorante. Empecé a despedirme de mis cosas. Sí, llegué a ese grado dentro del patetismo, el non plus ultra de la mediocridad. Temblando, llegué ante ella. Viéndome como un lacayo, la reina habló, con la barbilla levantada, los ojos cantando victoria y la espalda recta -contra costumbre, porque ella se encorva mucho-, reclamando la, cito textual, "palabra mágica que me habrá de sublimar, como me prometiste, siervo." Apenas terminó de pronunciar la frase y se carcajeó, felicitándose por tan buena representación de "un rey mamón" (lo peor de todo es que no hay mejor descripción para esta situación que no emplee sus entrecomillados).
   Miré al suelo, derrotado. Repitió su exigencia, esta vez sin tanto regodeo ni prosa barata. Cerré los ojos, caminé hacia ella, sin dejar de ver sus pies. Sentía su mirada de poder, sintiendo bajo sus manos la docilidad del perro regañado. Y bien, me dijo, te escucho. Su tonito me sulfuró bastante. Entonces, decidí arriesgarlo todo, decirle lo primero que me viniera a la mente y esperar lo mejor. Levanté la cabeza, respiré con calma, profundamente y recorrí los pasos que me faltaban para llegar a ella.
   Me acerqué tanto que observó fijamente mis labios, como si los deseara. Me temblaba el cuerpo, sudaban frío mis manos. Por poco y pierdo la concentración. La tensión era enorme. El espacio se comprimía a mi alrededor. Mis átomos parecían achicarse. Fue ahí, en la lucidez de la claustrofobia, del miedo que tenía, de la ira contenida, que lo supe, supe lo que necesitaba saber. La sujeté de las muñecas y una mueca de victoria reemplazó mi cara. Su gesto cambió tan rápido como el mío, transfigurándose a terror puro.
   Fue entonces que le susurré al oído.
   Y se desmayó.
   Tuve que huir porque, hasta donde yo sé, ya no se levantó.

viernes, febrero 22, 2013

Falanges

Sé que es una cursilería. Pero ahí va, de todos modos.

Sentía mis manos deslizarse,
mientras te decía a besos
que te amaba.
Quise que mis falanges 
aprisionaran tu piel, 
un susurro a la vez,
mientras tocaba el borde
de tus ojos miel.
Me llenabas, me llenaste.
Me tomaste de la mano
y callaste todo;
te tomé de la mano,
y te dije
cuantos cariños
mis manos te hubieron
prodigado.
Dime tú,
dime si no es cierto
que te dije 
lo que mi boca no pudo decir
en un roce de células
de mi mano.
Así sabré que
no escapaste de 
cuan feliz me hiciste.

sábado, febrero 16, 2013

Libro de diez páginas.

Yo
sólo existo
para cumplir una
tarea que no entiendo
ni tampoco quiero entender ni
sé de qué trata o por
qué está ahí. Sólo sé que me
iré y algún día ése será mi fin:
morir para después nacer en otro lugar muy distinto.

miércoles, enero 30, 2013

Yo no quise.

Yo no quería
y, sin embargo, fue.
Fue como si me azotara un gélido
viento, voraz y despiadado
por la espalda.
Yo no quería
porque es
algo que hierve mi sangre.
La hierve, invade mi querer,
mi sentir y mi pensar.
Desaparezco,
tiemblo como otrora,
yo no soy así. No.
Quizá sea tiempo de querer.
No, no.
Yo no quería
que sucediera.
No importaba cómo fuera.
Contuve la respiración, soñé con alcanzar
tranquilidad que nunca vino.
Yo no quería,
yo no quise.
La insolación vino y
secó verdes prados.
La lluvia no volverá, dicen.
Miro al cielo, espero con
ansias la noche.
Yo no quería,
yo no sé si deba querer,
yo sé que no quiero.
Un tenue resplandor selénico
me dice que el sol habrá de terminar.
Pero volverá mañana.
Yo no quería,
yo no quiero.
Por favor.

lunes, enero 28, 2013

Fags.

I wished
I was some kind of
bulletproof, immortal.
You know, the kind
that can last forever,
and never sleep, wandering in the alleys
of some lost cities.
Echoes of a cute voice,
calling the three of us "fags" wander deep into the heart
of some lost cities.
I sometimes wished you could
be lost forever. But I never really did.
And I'm sorry.
You never did go. That is great.
I never wanted you to get away from me,
embracing Death and Forgetfulness,
fully engulfed in flames, becoming gray and
faltering memories.
It's, you know, that kind of
feeling, whenever you become lost in
another else's city, when you become infinite
in another else's life.
It's kind of coming back.
De-dust.
It's time for some clean-up.
The walls are falling, the dreams are breaking apart.
Let's have another trip all together.
Let me feel neverended once more.

domingo, enero 20, 2013

Lluvia de temporal.

Mira, en este cielo hay lluvia.
No se ve, pero la siento abatirse sobre mí.
La veo empapándome.
La frescura, los tonos grises
que anuncian serán verdes.
Lluvia, en este momento,
llueve, llueve dentro de mí.
Los campos se alegran.
Hay niños brincando en los charcos. Las cosas
grises mueren un instante.
Viniste, te vi.
La lluvia cae en finas, pero constantes
gotas. Se empapa mi corazón,
se impregna del olor húmedo,
se nutre del agua,
Siento fraguar dentro de mí
algo magnífico,
hijo de la tierra recién removida,
de verdes praderas
y del temporal.
Siento la lluvia caer,
te siento caer.
Te siento inundarme.
Inúndame, nútreme otra vez.

viernes, enero 18, 2013

Células perdidas.

Contempla tu mano,
ve cómo llevas contigo parte de mí.
La piel muere.
Parte de mí murió en ti.

Me siento más ligero.
Creo que morí un poco de más.
Mis dedos arden,
envueltos en llamas.

Mi piel se consagró
en la tuya. Yo siento cómo
se me entumen las entrañas
de sólo verte.

Dime, tú, si
yo debería seguir aquí.
Y no en ti.
Dime si tú también.

Dime si tú gustas de mí
como yo de ti.
No digas nada.
Me soy contigo.

jueves, enero 10, 2013

Ficción - La frialdad del fuego

Yo no pude entender por qué tu piel la recordaba ligeramente pálida. Te vi hace dos noches; te encontré, completamente, opuesta a mi memoria: negra, con aspecto de chamusquina. Vi a través de dos ojos vidriosos y carcomidos los fantasmas de dos irises hermosas, del color de la madera tallada. Pensé en aquella voz, tu voz; la garganta estaba consumida y había un hoyo que perforó hasta la columna misma. Yo te veo. Ésta no eres tú. Pero ellos decían, me exclamaban en la cara, llenándome de su asquerosa saliva, que sí, que sí eres (bueno, eras) tú. Que no me obnubile. Que no me quiera engañar. ¿Eres tú, acaso?
Un par de dientes me observan entre los labios deshechos. A pesar de lo que sea que te haya pasado,  sigues manteniendo el encanto divino de cuando tú y yo fuimos novios, de cuando nos quedábamos en la azotea de ese edificio, fácil de escalar, encallado en medio de dos distribuidores viales. A pesar de eso, era un lugar muy tranquilo. Mírate; no eres la misma de siempre. Ya no sonríes, ya no me quieres. Tu querer se fue hace mucho. Te veo. Siento cómo tu sangre fluye cuando no tienes pulso alguno. Sigues siendo encantadora. Bella, como siempre, todavía después de esta catástrofe que sentías cernirse sobre ti.
Debo admitir que tu encanto es el mismo, pero la forma de presentarse cambió. Ahora, tu figura recuerda la de aquellas almas que se martirizan en vida para que los que seguimos aquí te glorifiquemos y te imaginemos a la derecha del Padre. Qué risa. Yo no quería venir a verte, para no tener que inundarme en la hipocresía de todos estos patéticos pseudo-religiosos. Pero me obligaron. Ella lo pidió. Sí, tu hermana, que encontró mis cartas entre tus cosas. Según ella, yo seguía siendo importante para ti; que le contaste que verme sería tu última voluntad si te morías primero.
Oh, querida mía. ¿Cómo fue que te apagaste? Jaja, mi mente ligeramente desviada no pudo evitar hacer un chiste con eso. Ja, ya sabes. Yo siempre tan insensible para las desgracias de otros. No, espera, estoy desvariando un poco. Perdona, ehem, ehem. Ahora bien, yo te creí muy independiente porque siempre te ufanabas de que tú solita podías, que no me necesitabas y que no sé qué. Y resulta que no te pudiste olvidar de mí. Suficiente tenía yo con que me ningunearas de esa forma, y ahora resulta que siempre fuiste una pinche doblecara. Joder. Hasta cuando ya no me sonríes, me arruinas. Tú me arruinaste.
Es más: no entiendo qué hago aquí. No sé qué hago aquí. Nunca debí haber venido a verte. Nunca debí venir, pensando que nos perdonaríamos. No vine aquí a monologar; esperaba encontrarte, sí, glacial, pero no tan ajena a mí. Ésta ya no eres tú. Ese cuerpo negro, que solía ser mi hermosa pálida. Tú, tú eras mía. Y ésta ya no eres tú. Mírate. ¿Por qué te abandonaste? Yo... yo, yo te quería. Te quiero; no, quiero lo que fuiste: tu forma de caminar, las sonrisas, tomarnos las manos, el sexo, todo eso. Y te fuiste, egoísta. No me esperaste. No, no quisiste esperarme, estúpida. ¿Por qué?
No, no entiendo. No entiendo qué hice. No entiendo por qué lo hiciste. No entiendo por qué miras al infinito, con dos órbitas que a duras penas parecen ojos, con un agujero que te desgarró la laringe. Tu voz, tu risa, tus lágrimas saltando de mejillas que no existen. Dime, ¿por qué te consumiste? ¿Por qué te dejaste llevar? ¿Por qué me amaste, si yo no era nadie? ¿Por qué me convenciste de... amarte?
¿Por qué?
No debería llorar. Se supone que ya te he superado, que no quería volver a ti; quería demostrarte que yo igual sabía valerme por mí mismo. A duras penas he podido y no volviste. Ya no volverás. Eso es lo más triste: que no habrá más que un recuerdo que extrañar. Disculpa si te ofendí, disculpa si...
No, no puedes perdonar. Tu voz se ha callado y no volverá jamás.