Dime tú, que si en estas calles
teñidas de rojo
se puede encontrar un camino.
La palidez invernal
me dice que te has ido.
¿Te habrás ido?
La calle roja me dice que no.
Camino hacia el centro,
Sol en algún horizonte lejano.
Dime tú,
busco caminos,
en estas calles rojas. Encuentro mensajeros, policías,
el tenue palpitar de ciudad boyante y llena de todo
lo que la hace.
Soñé alguna vez con recorrer los callejones y
avenidas de esta ciudad pálida y escarlata.
Soñé,
alguna vez,
con buscar el centro de todo.
Soñé, incluso,
con que en estas calles te hallaría. Cerca.
Cerca de mí.
Como si no hubiera otra cosa.
Sólo estarías tú. Sólo estaría yo.
Estas calles rojas se mueven y palpitan sin cesar.
Ciudad sin descanso,
siempre despierta,
veinticuatro siete.
Siga usted circulando.
Dime tú,
si entre los intersticios de tus oscuros ojos
no me habré yo perdido,
en vez de en estas calles rojas,
como yo siempre creí.
Dime que sigo aquí,
buscándote,
que no me he perdido en ti
en estas bulliciosas calles de la ciudad pálida.
Dime que no estoy extraviado.
Dime que no me he perdido.
Dime, antes de que me trague la marea
de paseantes, que van cada uno a su destino
mientras yo
no.
Caminar.
Todo es cuestión de caminar.
Pregunté a un señor muy particular
si éste era el camino para llegar
a tu camino.
Me contestó:
"Señor, no hay camino.
Lo único que hay es lo que se debe hacer.
Siempre es transportar,
siempre es alimentar a quien nos dio vida."
Estoy desconcertado.
Ya no sé dónde estoy.
martes, octubre 30, 2012
domingo, octubre 14, 2012
La ignorancia de la Revolución
Sé que lo que llegue a escribir aquí no lo leerás.
No me conoces, sólo me viste una vez.
Sin embargo, redacto estas despreciables líneas
con la idea de que podrás verlas alguna vez.
Aunque, de todos modos,
sé que no pasará.
Tecleo esto sólo para...
No estoy seguro.
Quisiera decirte un par de cosas.
Pero no sé si podré.
Tecleo esto para,
de alguna forma,
hablarte.
Hay una vaga sensación entre mis dedos,
que se escurre como el roce entre piel distinta.
Tengo en mi mano un recuerdo,
tengo en mis ojos
la visión de una turba.
Una manifestación de cosas que
no entiendo, pero que yo mismo
manifesté,
No creo volver a manifestar.
Enciendo la televisión y estás ahí,
corriendo entre la gente agitada,
gritando consignas, volanteando.
Imagino que cuando te entrevistan no ves al camarógrafo;
en cambio, me ves a mí.
Y cuando apago la transmisión, cierro los ojos, imaginando
que yo te entrevisté, que me viste con ojos de ilusión,
ante la idea de que a alguien le importaba tu Revolución.
Me importa tu Revolución,
pero yo no te entrevisté.
Imaginé que te entrevistaba,
pero, no.
Hay veces en que la policía te persigue,
te identifica como agitadora.
Ellos te clasifican como ignorante;
tú, a ellos, también.
Te matarán si los provocas,
los apedrearás si te les acercas.
No lo hagas.
No te olvides de que hay a quienes les importa tu lucha.
Hay a quienes les importas tú.
Y me tienes a mí.
Sin saberlo, me acusas de pasivo.
Me acusas de no hacer nada por el bien común.
No me importan ellos,
me importas tú.
Pero admiro tu forma de seguir lo que quieres.
Yo no te he querido seguir.
Tengo miedo.
Tengo miedo de olvidar por qué estaba ahí, en primer lugar.
Luchar por algo más que no seas tú.
Y olvidarme de que estás ahí.
Prefiero entonces que me ignores
y admirarte en secreto.
Tu ignorancia es agridulce.
Pero no puedo hacer nada para cambiarla.
Mientras, se vuelve más amarga con el tiempo.
Tuve que escribir esto para amainarla un poco y
sentir, por un momento, que respiro.
No tengo ya mucho más que decirte.
Sólo que sueño contigo, pero tú no conmigo.
Yo escribo esto porque...
Escribí esto porque yo...
Esto está aquí porque yo te...
¡Vivan los héroes que nos dieron Patria!
Escribo esto porque temo la Revolución.
Temer. Tengo miedo.
Temo que en el levantamiento
la turba no me deje verte.
No me deje seguirte
Y te vayas.
Y no regreses otra vez.
Te vayas y yo no sepa por qué te fuiste.
Mi gran temor es perderte.
Mi gran temor es perderte,
sin poder hacer nada,
sin poder tenerte aquí,
sin saber por qué nunca estuviste aquí.
No me conoces, sólo me viste una vez.
Sin embargo, redacto estas despreciables líneas
con la idea de que podrás verlas alguna vez.
Aunque, de todos modos,
sé que no pasará.
Tecleo esto sólo para...
No estoy seguro.
Quisiera decirte un par de cosas.
Pero no sé si podré.
Tecleo esto para,
de alguna forma,
hablarte.
Hay una vaga sensación entre mis dedos,
que se escurre como el roce entre piel distinta.
Tengo en mi mano un recuerdo,
tengo en mis ojos
la visión de una turba.
Una manifestación de cosas que
no entiendo, pero que yo mismo
manifesté,
No creo volver a manifestar.
Enciendo la televisión y estás ahí,
corriendo entre la gente agitada,
gritando consignas, volanteando.
Imagino que cuando te entrevistan no ves al camarógrafo;
en cambio, me ves a mí.
Y cuando apago la transmisión, cierro los ojos, imaginando
que yo te entrevisté, que me viste con ojos de ilusión,
ante la idea de que a alguien le importaba tu Revolución.
Me importa tu Revolución,
pero yo no te entrevisté.
Imaginé que te entrevistaba,
pero, no.
Hay veces en que la policía te persigue,
te identifica como agitadora.
Ellos te clasifican como ignorante;
tú, a ellos, también.
Te matarán si los provocas,
los apedrearás si te les acercas.
No lo hagas.
No te olvides de que hay a quienes les importa tu lucha.
Hay a quienes les importas tú.
Y me tienes a mí.
Sin saberlo, me acusas de pasivo.
Me acusas de no hacer nada por el bien común.
No me importan ellos,
me importas tú.
Pero admiro tu forma de seguir lo que quieres.
Yo no te he querido seguir.
Tengo miedo.
Tengo miedo de olvidar por qué estaba ahí, en primer lugar.
Luchar por algo más que no seas tú.
Y olvidarme de que estás ahí.
Prefiero entonces que me ignores
y admirarte en secreto.
Tu ignorancia es agridulce.
Pero no puedo hacer nada para cambiarla.
Mientras, se vuelve más amarga con el tiempo.
Tuve que escribir esto para amainarla un poco y
sentir, por un momento, que respiro.
No tengo ya mucho más que decirte.
Sólo que sueño contigo, pero tú no conmigo.
Yo escribo esto porque...
Escribí esto porque yo...
Esto está aquí porque yo te...
¡Vivan los héroes que nos dieron Patria!
Escribo esto porque temo la Revolución.
Temer. Tengo miedo.
Temo que en el levantamiento
la turba no me deje verte.
No me deje seguirte
Y te vayas.
Y no regreses otra vez.
Te vayas y yo no sepa por qué te fuiste.
Mi gran temor es perderte.
Mi gran temor es perderte,
sin poder hacer nada,
sin poder tenerte aquí,
sin saber por qué nunca estuviste aquí.
lunes, octubre 08, 2012
Déspota entre manos.
Tanto poder se aloja en mi mano.
Crea, construye, genera, concibe.
Ella es la extensión de mis designios,
la que materializa,
la que da vida.
Pero hoy, no.
La vida es del fracasado.
Mis manos están un tanto pálidas,
resienten el paso del frío matinal
y la humedad no les tiene misericordia.
Entumidas se mueven,
se desprenden del letargo que una gélida mañana les brindó.
Sienten que una vez despierten,
no habrá límites,
no habrá barrera irrompible.
A fuerza de puños
todo caerá y quedará a su merced.
Sienten las ganas de tomar
y sentir entre sus falanges cada átomo de todo.
Sostener el mundo entero,
dejarlo caer y observarlo romperse.
Ver cómo se desintegra.
Mis manos sueñan con desgranar,
desgarrar, cortar.
Tienen ganas de derramar, soltar,
lastimar y atemorizar.
Mis manos tienen ganas de causar dolor,
de ahuyentar,
de hacerte huir.
Mis manos tienen ganas de destruir el mundo,
de sucumbir ante sus pasiones sádicas.
Tienen ganas de quebrar, destruir su mundo.
De verlo arder entre las llamas.
Sentir cómo se escapan sus ilusiones, sus deseos y sus sueños,
por entre las llamaradas naranjas.
Ver cómo te consumes.
Ver cómo caes.
Ver cómo se esfuma lo que más aman
sentir en cada esquina de sus dactilares
y reírse de ello.
Quieren ver cómo la vida se va.
Quieren ver que la vida es para los idiotas.
Quieren verlo caer todo,
para que cuando ya no quede nada,
caigan ellas también.
Mis manos, mis manos.
Mis manos están carbonizadas.
¿qué le ha pasado a mis manos?
Éstas son cenizas que huelen a manos quemadas
que ya no son mías,
sino también tuyas.
Crea, construye, genera, concibe.
Ella es la extensión de mis designios,
la que materializa,
la que da vida.
Pero hoy, no.
La vida es del fracasado.
Mis manos están un tanto pálidas,
resienten el paso del frío matinal
y la humedad no les tiene misericordia.
Entumidas se mueven,
se desprenden del letargo que una gélida mañana les brindó.
Sienten que una vez despierten,
no habrá límites,
no habrá barrera irrompible.
A fuerza de puños
todo caerá y quedará a su merced.
Sienten las ganas de tomar
y sentir entre sus falanges cada átomo de todo.
Sostener el mundo entero,
dejarlo caer y observarlo romperse.
Ver cómo se desintegra.
Mis manos sueñan con desgranar,
desgarrar, cortar.
Tienen ganas de derramar, soltar,
lastimar y atemorizar.
Mis manos tienen ganas de causar dolor,
de ahuyentar,
de hacerte huir.
Mis manos tienen ganas de destruir el mundo,
de sucumbir ante sus pasiones sádicas.
Tienen ganas de quebrar, destruir su mundo.
De verlo arder entre las llamas.
Sentir cómo se escapan sus ilusiones, sus deseos y sus sueños,
por entre las llamaradas naranjas.
Ver cómo te consumes.
Ver cómo caes.
Ver cómo se esfuma lo que más aman
sentir en cada esquina de sus dactilares
y reírse de ello.
Quieren ver cómo la vida se va.
Quieren ver que la vida es para los idiotas.
Quieren verlo caer todo,
para que cuando ya no quede nada,
caigan ellas también.
Mis manos, mis manos.
Mis manos están carbonizadas.
¿qué le ha pasado a mis manos?
Éstas son cenizas que huelen a manos quemadas
que ya no son mías,
sino también tuyas.
domingo, octubre 07, 2012
Autorretrato
Mira esos ojos.
Tienen vida, sueños
y melancolía.
En esa miel han pasado muchas cosas.
Muchas personas, quizás unos mundos.
Algunas se han ido;
quizás ya no regresen.
Un cuerpo consumido
en sus propios vicios.
Mente despierta y soñadora
en un cuerpo que no resiste sus propios embates.
Diseñado frágil,
pero tenaz, obstinado y un poco torpe.
Quizá hoy se puede levantar.
Es un juego que se llama
"A ver quién resiste más".
Procesador de cuádruple núcleo,
turbocargador,
mal diseñada está la tarjeta madre
que no puede enfriarse rápido.
Concebido en hornos estelares,
fascinación propia (y ajena, tal vez).
A veces las lágrimas son la única forma de disipar tanto calor
del cuarto de máquinas.
Cigarros,
cigarritos. Pasiones que consumen, besos por dar,
un salto que dar; puede ser que soñar pueble
uno que otro corazón.
Llene un alma
que sienta que no se llena con nada.
Un brasero apagado,
ciencias atómicas que explican la chispa.
Es tiempo de vagar.
Encender.
Siempre traigo conmigo un encendedor
para encender. Hay fuegos, se sabe,
que deben ser perpetuos.
Llenar me llena.
He de seguir llenando.
He de vivir.
Vive, hombre.
Vive.
Tienen vida, sueños
y melancolía.
En esa miel han pasado muchas cosas.
Muchas personas, quizás unos mundos.
Algunas se han ido;
quizás ya no regresen.
Un cuerpo consumido
en sus propios vicios.
Mente despierta y soñadora
en un cuerpo que no resiste sus propios embates.
Diseñado frágil,
pero tenaz, obstinado y un poco torpe.
Quizá hoy se puede levantar.
Es un juego que se llama
"A ver quién resiste más".
Procesador de cuádruple núcleo,
turbocargador,
mal diseñada está la tarjeta madre
que no puede enfriarse rápido.
Concebido en hornos estelares,
fascinación propia (y ajena, tal vez).
A veces las lágrimas son la única forma de disipar tanto calor
del cuarto de máquinas.
Cigarros,
cigarritos. Pasiones que consumen, besos por dar,
un salto que dar; puede ser que soñar pueble
uno que otro corazón.
Llene un alma
que sienta que no se llena con nada.
Un brasero apagado,
ciencias atómicas que explican la chispa.
Es tiempo de vagar.
Encender.
Siempre traigo conmigo un encendedor
para encender. Hay fuegos, se sabe,
que deben ser perpetuos.
Llenar me llena.
He de seguir llenando.
He de vivir.
Vive, hombre.
Vive.
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