miércoles, septiembre 21, 2011

Dreiundzwanzig

El número veintitrés es el décimo número primo entre los números naturales. Es el primer número primo cuyos dos dígitos son sucesivos. El veintitrés está constituido por un número dos y un número tres, siendo ambos, también, primos. Analicemos a éstos últimos.
El dos tiene la pequeña particularidad de ser el único primo par. Es un número bastante estilizado, compuesto de dos líneas mixtas. 
El dos usa lentes y también tiene un ego enorme (que aplasta a veces, aunque no quiera admitirlo en lo absoluto).  A este número le gusta descubrir cosas nuevas. Vaga por ahí intentando encontrar la libertad que tanto le hace falta; quisiera soltar amarras y zarpar. Pero la marea, simplemente, no sube. 
El número tres está hecho de dos líneas curvas. No tiene la elegancia del dos, pero se defiende bien. Si el ego del dos es alto, el tres lo deja riendo; más egocéntricamente sarcástico, nadie. El número tres sabe que sin un dos que lo fundamente, se convierte en un miserable uno. A veces busca experimentar demasiado, pero también se siente asfixiado como el dos. Ambos están varados en la playa y no pueden moverse más que unos pocos metros mar adentro.
Hay noches en que se extrañan, tal vez demasiado. Ven la noche, suspirando mientras recuerdan que ambos están cobijados por la misma oscuridad, iluminados por el mismo reflejo de la amarilla luna.  Los 23 se forman cuando un dos y un tres están juntos. Sus dígitos se la pasan bien, recuerdan, ríen, celebran y se bromean el uno al otro. Pero hubo muchos días en que estuvieron lejos. Un 23 que muchos días no existió.
Pasó lento el tiempo que no pudieron saber de ellos mismos más que por una ocasional llamada al teléfono o un chat no muy interesante. Dolía usar solamente dos sentidos para saber del otro; faltaba ese ápice de realidad que le da el toque. Las cosas empeoraban gradualmente. 
Hartos, se quedaron de ver; la soledad corroía las entrañas. Ya no podían seguir abrazando el aire. Había un 23 que debía complementarse.
Acordaron verse a las 5 de la tarde, en alguna concurrida estación del metro...


viernes, septiembre 16, 2011

Las hojas ocre, las hojas escarlata, las hojas negras

A veces me pregunto a dónde te habrás ido, por dónde te desviaste; por qué habrás decidido evitarme y alejarte.Extraño algunas cosas, ¿sabes? Es como releer un libro. Pero un libro ya tiene la última página escrita. No es un borrador. Es un simple "ya fue".
A veces pienso en ti. En lo que te has vuelto y en lo que solías ser. En lo que solías querer y ahora prefieres evitar. Podré recordar muchas cosas. Sin embargo, sigues un camino ya lejano. Y yo no quiero volver a encontrarlo.
Beber y olvidar. El tiempo es el licor de la memoria. Los recuerdos se hacen vagos y a veces ensalzamos tanto cosas tan comunes que parece que las memorias fueron esculpidas por dioses. Prefiero beber tiempo y sentir que te escurres de mi mente como arena entre los dedos. Como algo que tocó el beso de la muerte y se fue para siempre; para no tener que matar un recuerdo con balas, sino con el dulce y triste elixir venenoso de los Segundos.
Así podemos matar a las personas sin recibir castigo alguno. Sin remordimientos, sin culpas. Sin dolor. Sin pensar qué podría pensar el otro. Para liberarnos, romper cadenas y por fin respirar tras la almohada que nos ofusca y asfixia.
Destruir fantasmas, quemar libros, desmembrar memorias.
Suprimir. 
Esto que escribo es el archivo de lo que pronto olvidaré.
Y así, el día de mañana podré regresar para exhumar tu recuerdo, para burlarme de lo estúpido que fui al inclinarme sobre las flores de tu lápida. Y te volveré a enterrar cuando la melancolía entre a mis ojos.
Adiós.