sábado, noviembre 15, 2014

La eternidad

"Tuya toda la vida..." 
Así le firmó una carta que escribió de su puño y letra. Acarició con la punta de los dedos la piel que escondía a su primer hijo, pequeño todavía, irreconocible quizá, pero en alma ya presente. O tal vez no, tal vez ella se enteró después, semanas más tarde, que el pequeño Sergio Alfonso existía. En aquel día de diciembre, el Sr. Contreras recibiría una carta, reflejo de un gran cariño que solía existir en un México forjado de otros tiempos. Espero le haya sacado una sonrisa. Yo, de menos, sonreí por él.
Cuesta trabajo imaginarla porque nunca la conocí.
Pero, al menos, algo me pertenece. Un pequeño rezago de amor, de un amor prometido para la eternidad.